Presentación del libro «Balas sin remitente» de Fernando Coca MenesesSobre la pluma: Alejandro Bonet Ordóñez es coordinador de El camino de México, plataforma política de Marcelo Ebrard en Zacatecas
Hay libros que llegan para confirmar convicciones. Otros, para desafiarlas. Y algunos tienen una virtud todavía mayor: obligarnos a pensar. Eso ocurrió esta semana en Zacatecas durante la presentación de Balas sin Remitente, una obra que, más allá de su contenido, abrió un espacio para discutir uno de los temas que más preocupan a los mexicanos: la seguridad.
Vivimos en un país donde la violencia suele monopolizar la conversación pública. Las cifras cambian, los diagnósticos se multiplican y las estrategias se suceden unas a otras. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a hacer la pregunta más importante: ¿por qué seguimos sin resolver un problema que lleva décadas condicionando el presente y el futuro de México?
Quizá porque es más sencillo buscar culpables que construir soluciones. Es más cómodo reducir el debate a consignas que aceptar que la inseguridad es un fenómeno complejo, alimentado por factores políticos, económicos, sociales e institucionales. La violencia no aparece por generación espontánea; es consecuencia de decisiones acumuladas durante muchos años, de omisiones, de instituciones debilitadas y de una capacidad del Estado que, en distintos momentos, ha resultado insuficiente para responder a un desafío cada vez más sofisticado.
En ese contexto, la presentación del libro dejó una enseñanza que vale la pena rescatar: recuperar la paz exige entender primero el problema. Ninguna estrategia puede ser eficaz si parte de diagnósticos equivocados o de la tentación permanente de convertir la seguridad en un tema exclusivamente electoral.
Durante mucho tiempo en México hemos discutido la seguridad desde los extremos. Unos sostienen que todo se resuelve con el uso de la fuerza; otros consideran que el problema es únicamente consecuencia de la desigualdad. La realidad demuestra que ambas visiones, por sí solas, son insuficientes. Un Estado democrático necesita instituciones capaces de prevenir, investigar, sancionar y, al mismo tiempo, generar condiciones para que la violencia no siga reproduciéndose.
Uno de los aspectos más interesantes de Balas sin Remitente es el análisis que realiza sobre el papel de Marcelo Ebrard en la construcción de un modelo de seguridad sustentado en la inteligencia, la coordinación institucional y la planeación estratégica. El libro no exige coincidencias; propone una discusión. Y esa diferencia es fundamental.
México necesita debatir las políticas públicas con mayor profundidad y con menos prejuicios. Analizar qué funcionó, qué fracasó y qué puede recuperarse de distintas experiencias no debería interpretarse como un acto de militancia, sino como un ejercicio elemental de responsabilidad pública. Cuando la seguridad se convierte en rehén de la polarización política, quienes terminan pagando el costo son los ciudadanos.
Lo verdaderamente importante no es quién tenga la razón en el debate partidista, sino qué decisiones permiten proteger mejor a las familias mexicanas. Esa debería ser la única medida para evaluar cualquier estrategia de seguridad.
La paz tampoco puede entenderse únicamente como la ausencia de violencia. La paz se construye todos los días mediante instituciones que funcionan, policías profesionales, ministerios públicos eficaces, sistemas de justicia confiables y gobiernos capaces de coordinar esfuerzos más allá de sus diferencias políticas. También se construye con educación, oportunidades para los jóvenes, desarrollo económico y comunidades donde la legalidad vuelva a ser una experiencia cotidiana y no una excepción.
Por eso resultó significativo que esta conversación se diera precisamente en Zacatecas. No porque nuestro estado sea el único que enfrenta desafíos en materia de seguridad, sino porque conocemos de primera mano el enorme valor que tiene recuperar la tranquilidad. Sabemos que la paz no significa únicamente disminuir indicadores; significa que las familias puedan vivir sin miedo, que los negocios prosperen, que las carreteras vuelvan a recorrerse con confianza y que las nuevas generaciones crezcan convencidas de que el futuro puede ser mejor que el presente.
Esa aspiración no pertenece a un partido político ni a un gobierno en particular. Es una causa nacional que exige visión de Estado y disposición para construir acuerdos. Ninguna administración, por sí sola, resolverá un problema que se gestó durante décadas. Del mismo modo, ninguna sociedad puede resignarse a pensar que la violencia forma parte inevitable de su destino.
Quizá la mayor aportación de Balas sin Remitente no sea ofrecer respuestas definitivas, sino recordarnos la importancia de formular mejores preguntas. En una época donde abundan las opiniones inmediatas y escasean las reflexiones serias, abrir espacios para discutir ideas con argumentos representa, en sí mismo, un ejercicio democrático.
Al final, recuperar la paz exige mucho más que nuevas estrategias. Exige recuperar la confianza en las instituciones, fortalecer el Estado de derecho, abandonar la comodidad de los discursos simplistas y asumir que los grandes problemas nacionales solo pueden enfrentarse con inteligencia, coordinación y liderazgo.
Porque decir las cosas como son nunca ha sido un acto de pesimismo. Por el contrario, es el primer paso para transformarlas. Mientras México sea capaz de discutir su realidad con honestidad, sin dogmas y sin complacencias, seguirá existiendo la posibilidad de construir un país más seguro, más justo y más libre. Esa, al final, es la conversación que vale la pena dar.