No contra la UNAM

Por Gabriel Rodríguez

En la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se realiza más de 70 por ciento de toda la investigación científica a nivel nacional, ahí se trabaja en pos del desarrollo tecnológico que permitiría a la nación, en un momento de profundos cambios, transitar el desarrollo de primer mundo. 

Ahí en la UNAM, los laboratorios de bioingenería trabajan en modelos para el desarrollo de robots, implantes y toda suerte de mecanismos que permitirían a las personas que han pedido una extremidad poder reconectarse al mundo y tener una vida con mayor dignidad. 

LA UNAM es vinculante con los problemas directos de desnutrición de una nación asolada por la pobreza, el hambre, el atraso, con abismales condiciones de desigualdad económica. 

Tiene uno de los centros más avanzados en astronomía, con un equipo de especialistas en la materia, centros de enseñanza de física nuclear y altas matemáticas, polos de desarrollo de la ingeniería química en todas sus ramas. 

Muchos de los especialistas en oncología, genética, biología, bioética, medicina nuclear, botánica, contaminación, enfermedades, epidemias y pandemias han surgido de sus centros de desarrollo y análisis.

Sus miles y miles de hectáreas de conjunto arquitectónico universitario, con bibliotecas, centros de cómputo, aulas y facultades son el síntoma de la mejor salud de una institución en activo con más de 350 mil alumnos de múltiples carreras.

Todo comenzó hacia 1921 cuando al triunfo de la Revolución Mexicana, un personaje de nombre José Vasconcelos se dio a la tarea de emprender la lucha por la autonomía en un país que un siglo atrás fue devastado por las guerras civiles entre fifís y chairos del XIX.

En uno de sus inmuebles, los grandes muralistas emergidos de la Revolución plasmaron murales por los que México comenzó a ser reconocido en el mundo entero por lo que se llama Escuela Mexicana de Pintura: Rivera, Siqueiros, Tamayo y muchos más.

Sus centros culturales están a la altura de los mejores del mundo, una sala de conciertos que tendría un doble en la ciudad alemana de Berlín para escuchar música clásica, escenarios teatrales, dancísticos y salas de cine por doquier; museos, salas de exposiciones y exhibición. 

Me faltarían catálogos completos para decir muchas de las bondades que ya no escurren de mi pluma porque la memoria me falla pero que sin duda enriquecerían las referencias sobre porqué la UNAM, la Universidad de la Nación es una de las 100 mejores alrededor del mundo, y es pública.

A ella asisten muchos muchachos y muchachas que se levantan como pueden, y van sin desayunar a clases, cuyos padres no reúnen (se calcula que 70 por ciento de su población estudiantil procede de hogares de escasos recursos), quienes desean ser algo para su patria, útiles al país, servir en la empresa o en la vida pública y quizás hasta lograr un mejor posicionamiento que aquel que sus padres pudieron tener. ¿Es eso malo, es pecado?

Cierto, como en todas las instituciones debe y estoy seguro de que hay mal uso de los recursos públicos, pero eso no signifique que la Estatua de la Libertad, por ser neoyorkina, debamos agarrarla a mazazos.

Si se tienen las referencias de lo mal que se hacen las cosas en muchas o en algunas de ellas, lo correcto es proceder legalmente, no atentar contra la dignidad de 350 mil o de los 43 mil de Zacatecas.

Además, creo que se debería incrementar a todas ellas los montos asignados a 2022, porque su sobrevivencia es cada días más costosa, y como en el caso de Zacatecas, donde también concurren muchos estudiantes pobres, no estaría más ir al fondo de las estafas por más maestras que éstas sean pero no derribando a hachazos las instituciones.

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