Sobre la pluma: Saúl Monreal es senador de la República por Morena
Algo vieron, y no les gustó nada, el PT, Movimiento Ciudadano y sobre todo, Carlos Puente en la reforma electoral aprobada en Zacatecas.
Públicamente, ¿quién podría oponerse a que quienes aspiren a una diputación plurinominal salgan a territorio, hagan campaña y consigan votos? El argumento suena bien, pero esconde una discusión de mayor profundidad, la representación proporcional no fue creada para premiar a quienes obtienen más votos en los distritos, para eso existe la mayoría relativa.
Su propósito es permitir que las distintas expresiones políticas de la sociedad tengan presencia en el Congreso. Visto así, lo que se presenta como una forma de ciudadanizar las plurinominales termina siendo un retroceso en la construcción de un sistema político plural.
Los números ayudan a entender el contexto. En 2024, Morena obtuvo 32.61% de la votación estatal para diputados y el PRI 20.20%; después aparecieron PAN con 11.84%, PT con 10.34%, MC con 7.79% y Verde con 7.07%, además de PRD y Nueva Alianza. En este escenario, ¿Quiénes tienen mayores posibilidades de colocar candidatos entre los primeros lugares de votación en buena parte de los distritos? Naturalmente, los partidos con mayor estructura, presencia territorial y votación. Si las nuevas reglas incorporan esa misma lógica dentro de la representación proporcional, la tendencia será la concentración de dos grandes fuerzas dominando el Congreso y partidos cada vez más pequeños peleando por conservar algunos espacios. En resumen, Zacatecas camina de un sistema pluripartidista hacia uno bipartidista.
Tal vez por eso Carlos Puente llevó su inconformidad hasta el extremo de expulsar a los tres diputados del Verde que respaldaron la reforma, mientras PT y Movimiento Ciudadano también encendieron las alarmas. Vista únicamente desde fuera, la reacción podría parecer excesiva, vista desde los números, tiene bastante lógica. Una fuerza que ronda el 7 o 10% necesita de la representación proporcional precisamente porque difícilmente ocupará primeros lugares en una gran cantidad de distritos. Y ése es justamente el sentido histórico y la esencia de las plurinominales, evitar que el ganador se lleve prácticamente todo y garantizar que las minorías políticas también tengan voz. Si trasladamos a las pluris la misma lógica de competencia territorial que ya existe en la mayoría relativa, terminamos premiando dos veces la fortaleza electoral y debilitando los contrapesos que ese sistema ha construido históricamente.
El problema, entonces, no es estar en contra de que los políticos caminen, hagan campaña o busquen votos, eso debería exigírsele a cualquiera que aspire a representar a los ciudadanos. El problema es confundir dos principios electorales que cumplen funciones distintas. México tardó décadas en pasar de congresos dominados por una sola fuerza a un sistema de representación plural, donde mayorías y minorías pudieran coexistir y servir de contrapeso. Una reforma que favorezca nuevamente la concentración puede llevarnos en sentido contrario, es decir, menos partidos con representación efectiva, menos equilibrios y dos grandes fuerzas con capacidad para tomar prácticamente todas las decisiones. Y eso, de ninguna manera es modernizar la representación proporcional, significa retroceder en un sistema que durante décadas permitió abrir espacios a las minorías y en el que, irónicamente, la propia izquierda tuvo que luchar durante años para encontrar un lugar.