¿Amor con amor se paga? Así se lo dejaron claro a Verónica Díaz, Imelda Mauricio y Priscila Benítez al renunciar a la bancada de Morena, para adherirse a la de Nueva Alianza.
Bancada a la que ya se había sumado antes la también ex morenista Susana Barragán. La gota que derramó el vaso fue la integración del órgano de Administración y Finanzas de la LXIV legislatura.
Y es que, la instrucción que tenía la bancada oficialista era clara: Priscila Benítez no puede llegar a ese puesto. Tal era el interés de cerrarle esa posición, que según declaró la propia diputada, desde la delegación de programas les llegó la amenaza de “cerrarle la llave” de los recursos al legislativo si no obedecían.
En la sesión de ayer, quedó claro que la decisión de las legisladoras de abandonar la bancada del Movimiento de Regeneración Nacional, no fue espontánea. Fue motivada por reiterados desaires por parte de sus homólogos de partido que incluso llegaron a la Violencia Política de Género.
No someterse al diezmo que exige la delegada como señal de agradecimiento y pleitesía por ser su madrina para acceder a la candidatura, fue una de las razones.
En el caso de Imelda Mauricio, fueron varios motivos entre los que se cuenta achacarle la negativa de la mayoría legislativa de imponer a Ana Bertha Luna Quintero en la Dirección de Administración y Finanzas. No lograrlo, fue suficiente para empezar a relegarla.
En el afán de quitarle la coordinación de la bancada de Morena, sus compañeros de partido ejercieron tratos denigrantes en su contra
Con los antecedentes dichos y sin guardar las formas sobre la separación de poderes, el mensaje en el Congreso de Estado, fue contundente. Quien pone y quita (al menos hasta ayer) tanto en ese poder, como en el ejecutivo, es un personaje que ajeno oficialmente a ambos poderes.
También quedó claro que, como bien lo dijo alguna vez Barak Obama, ningún régimen autoritario dura para siempre, y el que quiere implementar Díaz Robles, está podrido desde la médula.
La autocracia de la que ya hablé en la columna pasada, que ha intentado ejercer la delegada desde el inicio de la administración de David Monreal, ya dio sus primeros visos de hartazgo.
Benítez Sánchez y Mauricio Esparza al salirse de un círculo que las ninguneó y las relegó de manera reiterada, delatan que sin alianzas, Vero Díaz arriesga su futuro político.
Y no, quienes acusaron a las diputadas de traidoras, no tienen razón ya que ellas reiteraron, tanto en sus participaciones en tribuna como en la entrevista en el programa de Verónica Trujillo, que su lealtad al Gobernador continúa intacta.
El problema no es él, es el sectarismo y la novatez política que impiden una real gobernanza. Que Benítez Sánchez delate amagos y chantajes de cortar recursos públicos al legislativo, por parte de una funcionaria federal, si no se hace lo que dice y como lo dice, no es para tomarse a la ligera.
No sólo porque implica una peligrosa regresión democrática, también porque sin duda ese tipo de actitudes son la causa del marasmo que padece al Gobierno Estatal.
Que nadie se mueva sin su visto bueno, o sin seguir sus instrucciones en ningún poder, entorpece la función pública. Por lo pronto, Díaz Robles debe afrontar la realidad: de que por su culpa Morena perdió la mayoría en el Congreso del Estado. Ese golpe a su ego, es solo la punta del iceberg de lo que viene. Al tiempo