¿Y si el centro histórico de Zacatecas fuera peatonal?

 

Foto de archivo del INAH

Por Gabriel Rodríguez Piña*

 

 

Hace poco charlé con el ex titular del Centro INAH Zacatecas, Carlos Torreblanca Padilla, a quien interrogué sobre el papel de su institución en el cuidado que debería tener respecto a las condiciones físicas y materiales que la ciudad de Zacatecas merece.

Sin embargo, el funcionario me respondió de manera apresurada y atropellada. Me confió que todos los patrimonios culturales cambian y que sus fisonomías se transforman con el paso del tiempo, como resultado de las necesidades sociales de subsistencia.

A menudo me he preguntado cuán viable sería que la capital zacatecana fuera —al menos en su centro histórico— completamente peatonal. Esto abriría la posibilidad de que empresas y empresarios se establecieran en ella para generar empleos, desarrollo e inversiones. Aunque estoy seguro de que esta propuesta sería objeto de debate y, probablemente, descalificada.

Carlos Torreblanca Padilla

Ese tipo de transformación ocurrió hace años en el centro histórico de la Ciudad de México, antes de la llegada de Morena. Desde entonces, se ha dejado de dar mantenimiento a líneas del metro, con consecuencias fatales, además de provocar condiciones que han derivado en inundaciones graves.

La rehabilitación del centro capitalino se logró gracias a millonarias inversiones destinadas a restaurar vecindades y convertirlas en centros comerciales. Se realizaron estudios sobre su estado físico original y se contó con la participación de especialistas en arquitectura antigua. Estas inversiones permitieron transformar los inmuebles en empresas productivas que contrataron a miles de mexicanos con empleos formales, al tiempo que se cerraron vialidades para convertirlas en pasillos peatonales.

Eso, sin embargo, difícilmente ocurrirá en Zacatecas capital. Tal iniciativa provocaría sospechas de lucro para un grupo reducido de empresarios, considerados como los principales beneficiarios de la inversión. Como siempre, Zacatecas parece resistirse al progreso, sin importar si los empresarios son locales o foráneos.

Además, en el estado no existe un proyecto empresarial sólido que potencie las capacidades necesarias para generar empleo, más allá de las empresas mineras y la desolación que estas causan en las comunidades donde se instalan.

Por otro lado, a los zacatecanos no nos gusta la competencia. Solemos levantarnos tarde —si bien les va a los turistas— y los centros comerciales abren después de las 11 de la mañana. Los visitantes no encuentran dónde desayunar rico y barato, salvo en dos o tres lugares que se saturan en horas pico.

Bajo estas condiciones, los zacatecanos podrían disfrutar de un centro histórico peatonal, que salvo en casos de emergencia, se reservaría para traslados exclusivos en vehículos.

Foto de archivo del INAH

 

Peor aún, en Zacatecas impera la nociva idea de que tenemos la ciudad más bonita del país, cuando en realidad está sometida a constantes maltratos físicos. Torreblanca Padilla, en su ignorancia, los justificó como “las necesidades permanentes de cambio de cualquier patrimonio cultural en cualquier ciudad del mundo”.

Un ejemplo es la fotografía colocada en la puerta norte de la catedral, que sustituyó una instalación dañada y nunca fue repuesta. En su lugar, se colocó un aberrante parche. A esto se suma la gran cantidad de daños físicos que causamos cotidianamente, sin multas ni sanciones. No mencionaré los estragos que provocan algunas marchas, pero sí el caso de una contramarcha en la que se arrojó pintura corrosiva a una columna de la catedral, cuya restauración costó al INAH tiempo, dinero y esfuerzo.

 

Torreblanca Padilla insiste en que todo esto es válido en cualquier patrimonio cultural. Mientras tanto, el comentarista Gerardo Mata denunció la colocación de un objeto hecho de palmas sobre un improvisado Cristo frente al retablo diseñado por Javier Marín hace más de 16 años. Un antropólogo señaló que se trata de “un hecho humano impuesto sobre lo creado antes, para dejar rastro de lo nuevo”. Tal vez tenga razón, aunque pienso que sería como insertar una feroz cumbia tepiteña en medio del Himno a la Alegría de Beethoven.

¿Todo eso seguiría siendo humano, lícito, permisible? ¿Quién lo legaliza, lo permite y lo regula? ¿O sería también antropológico-escatológico permitir que durante las callejoneadas se sigan dejando deyecciones humanas por doquier, ante la molestia de los vecinos?

Foto de redes sobre pinta de manifestantes en edificio de Plaza de Armas

 

Es cierto: los problemas en la capital son graves. Hay más de 200 viviendas al borde del colapso, intestadas y sin mantenimiento. Y si la ciudad es tan “bella”, ¿por qué permitimos que entre todos la sigamos destruyendo?

Aclaro que el proyecto de inversiones empresariales para hacer del centro histórico una zona peatonal y comercial sería tan deseable como lo hicieron en la bella Leipzig, Alemania, donde sus catedrales góticas están rodeadas de comercios y servicios de primer nivel.

Pero lo mío es una quimera. A veces sueño que don Federico Sescosse se levanta de su tumba para maldecir a los perpetradores de infamias en la capital que tanto amó, cuidó y protegió. Él sí sabía dónde habitaba: culto, benefactor y amante de lo bello.

Y por supuesto, los intentos del gobernador por construir un puente de cuatro kilómetros con un costo cercano a los 4 mil millones de pesos fueron una aberración legal, judicial, empresarial y ciudadana.

Por lo demás, habría que decirle al alcalde capitalino que ya es tiempo de limpiar la ciudad. Para empezar, los suelos están muy sucios.

Insisto: si Zacatecas es tan bella, ¿por qué no la respetamos y generamos empleos lícitos con lo que más tiene: arte y cultura?

Fuentes consultadas sobre el patrimonio histórico de Zacatecas: Patrimonio Mundial de México
INAH Zacatecas
Wikipedia – Centro histórico de Zacatecas

Gabriel Rodríguez Piña es un periodista cultural que se formó en el periódico Excélsior, es originario de la Ciudad de México.

 

 

 

 

 

 

 

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