T-MEC 2.0: México no pide permiso esta vez

 

Alejandro Bonet es exfutbolista profesional y coordinador de El Camino de México en Zacatecas

 

 



Cada seis años, el continente norteamericano se sienta a jugar póker con el futuro económico del barrio. Esta semana comenzaron a repartirse las cartas: México abrió el formulario en el DOF —sí, ese papelón gigante que nadie lee—, y cualquiera con internet puede decirle a Marcelo Ebrard qué queremos que dure hasta 2030 y qué queremos quemar antes. Canadá ya lanzó su encuesta; Estados Unidos lo hará en noviembre. Nadie grita, nadie amenaza: solo números y café.

El truco: blindar la soberanía energética sin que Trump —si regresa— nos cobre peaje por cada barril. México ya exporta doce millones de autos al año gracias a ese tratado; si lo renegociamos bien, el litio de Sonora no cruzará la frontera, se quedará en baterías mexicanas.

Ahí entra la ironía: mientras negociamos con los vecinos, por dentro la presidenta Sheinbaum barre la casa. La ley de amparo —esa que suena a película de juicios rápidos— no toca derechos, solo los afila. Imagina: antes, una minera detenía un tren porque el ruido molestaba al dueño del rancho; ahora, tiene que demostrar que el ruido le mata al hijo.

El Senado ya cuenta: setenta por ciento menos demandas fantasma, el SAT embarga en días, no en años, y el ciudadano común deja de pagar fianza porque el abogado cobra extra. Esos dos tercios de juicios que se evaporan eran puro humo —evasión fiscal disfrazada de derecho humano—, y ahora el humo se va por la chimenea.

¿Por qué juntar tratados y amparos en una sola columna? Porque son el mismo tablero. Afuera, México negocia sin arrodillarse; adentro, deja de ser rehén de papeles que frenan hospitales, trenes y escuelas. Sheinbaum lo dijo clarito: pagas primero, te defiendes después. Suena áspero, pero si el café ya está frío y la obra ya arrancó, el que reclama pierde.

Resultado: inversión que fluye, obras que avanzan y un país que construye sin esperar permiso. Mientras en la Ciudad de México se debaten ideas —no patadas—, Zacatecas se mira en un espejo roto: un escándalo de domingo en el estadio, puro arrabal, puro ruido. Este pueblo, tan grande, tan digno, no merece más puñetazos disfrazados de campaña; merece líderes que levanten la cabeza, no que se la partan entre ellos. Basta.

Alejandro Bonet es un político, ex futbolista profesional y coordinador en Zacatecas de El Camino de México.

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