Andrés Manuel López Obrador vino a Zacatecas el pasado fin de semana y la delincuencia le recordó que aquí sigue. Al mandatario de los ‘abrazos, no balazos’ le restregaron en la cara su estrategia fallida contra el crimen organizado al darle un peculiar recibimiento.
En Fresnillo, el viernes al igual que el sábado, automovilistas que transitaban por la carretera federal 49 fueron testigos de un macabro espectáculo. Los criminales dejaron cuerpos humanos colgados en el puente que conduce a la comunidad de Rancho Grande. Ese fue el recibimiento que el hampa dio al Peje, quien en Jerez, omitió mencionar que la tierra de Ramón López Velarde, es parte del corredor más inseguro del centro del estado.
Antes, insistió en su retórica contra los conservadores y los intelectuales afines al poder (espero no se haya mordido la lengua el cabecita de cebolla, porque él tiene varios lambiscones que le rinden nauseabunda pleitesía).
En la tierra de poeta creador de la Suave Patria, AMLO prefirió las murallas militares a su visita, supo sin duda, que sus pies pisaban uno de los municipios más peligrosos. En ese sentido, la tierra de quien escribió Hormigas, según el semáforo delictivo, arrancó el 2021 con sangre ya que de enero a abril, esa demarcación registró 13 homicidios dolosos.
No solo ese municipio da cuenta de una realidad de sangre. David Monreal tomará en septiembre próximo, las riendas de un estado sumido en la más dolorosa inseguridad. Y no se le ve fin, ya que no se esperan cambios sustanciales en la estrategia que hasta hoy ha llevado el gobierno estatal en materia de seguridad, esa asignatura, seguirá delegada a la federación.
Ante la falta de alternativas a un problema que se hizo crónico y que cuenta entre sus causas la permisiva impunidad por parte de las autoridades, la alternativa de la que ha hablado el Gobernador Electo, es la de aumentar el número de elementos de la Guardia Nacional.
Actualmente, Zacatecas tiene más mil 500 integrantes de ese cuerpo armado, sin que se registre un impacto significativo que disminuya los asesinatos, secuestros y demás delitos relacionados a los grupos del crimen organizado.
En 2020, el segundo año de la 4T, a juzgar por las cifras de la Secretaría de Seguridad Pública, nuestro terruño registró mil 065 homicidios dolosos. En lo que va de 2021, ya se contabilizan 692 asesinatos, una cifra récord respecto al mismo periodo de tiempo en 2020 que registró 197 de enero a junio.
A nivel nacional, la gestión de López Obrador ya suma 87 mil 114 homicidios dolosos, así lo cuentan datos publicados el día 19 de junio. En comparativo, de la casa encuestadora Tresearch de Carlos Penna Charolet, López Obrador superó tanto a Felipe Calderón como a Enrique Peña Nieto en ese rubro, ya que Calderón Hinojosa y su desastrosa guerra contra el narco acumularon 30 mil 572 muertos a la mitad del sexenio. Peña Nieto por su parte en tres años registró 42 mil 489 asesinatos.
Ese escenario habla de un incremento exponencial de los homicidios y también es indicativo de que hay nulos resultados de la estrategia contra la inseguridad. Coincido con el Andrés Manuel del 2016, que decía durante su alargada campaña, que no es con el ejército en las calles como se resuelve la violencia. En ese tiempo, el eterno candidato, decía que la solución a ésta era la creación de empleos, la justicia y la reactivación económica. Hoy parece totalmente ajeno a aquel discurso y opta por la militarización, ya que su gobierno ha aumentado paulatinamente la presencia del ejército en las calles.
Al respecto, basta recordar que la Secretaría de la Defensa Nacional, informó que en 2018 se desplegaron 54 mil 980 elementos en el territorio nacional y en 2019 64 mil 954. En 2020 la cifra aumentó a 89 mil 570 efectivos, cuyo objetivo era realizar las llamadas “operaciones de la construcción de la paz”, sin resultados palpables hasta hoy.
Evidentemente la promesa de instaurar la anhelada pacificación del país no se ve en el horizonte nacional y mucho menos en el estatal. De antemano, se sabe que esa será la promesa incumplida de quienes administrarán los destinos de los zacatecanos hasta 2027.
Mientras a nivel nacional el poder de las fuerzas armadas aumenta de forma preocupante y sin precedente frente a una criminalidad que se reproduce en sentido proporcional, Zacatecas se prepara para recibir un gobierno del que no se esperan grandes novedades en la lucha contra la delincuencia.
A menos que dé una sorpresa, seguramente quienes tomarán las riendas de la administración pública próximamente, basarán su gestión en el cómodo y poco complicado nado de muertito de culpabilizar de todo a administraciones anteriores y copiar discursos y técnicas de la 4T. No hay optimismo en lo que viene, el tiempo me dará la razón ¿ o no?