“Yo sé que es un daño grande y de antemano te pido perdón Marisela”… A esa declaración a todas luces confesa de Sergio Rafael Barraza Bocanegra, sobre el asesinato de Rubí Marisol Freyre Escobedo, le siguió una absolución por unanimidad y la continuación del calvario de una madre en busca de justicia.
Los jueces Catalina Ochoa, Rafael Boudib y Netzahualcóyotl Zúñiga, al liberar al asesino de Rubí aquel 30 de abril de 2010, condenaron a muerte a Marisela Escobedo.
Ella cumplió la sentencia de la aberrante confabulación entre el Crimen Organizado y el Estado el 16 de diciembre del 2010.
El documental, Las 3 muertes de Marisela Escobedo, producido por Carlos Pérez-Osorio, estrenado ayer por la plataforma Netflix, es un grito ahogado por la frustración de las víctimas en un México hundido en la impunidad.
Desde 2006 sucede de manera vergonzosamente naturalizada; las autoridades se volvieron convidados de piedra o cómplices de los grupos delincuenciales que tomaron el poder.
Hoy, los entes de justicia siguen sin recuperar la batuta del gobierno porque el debilitamiento de unas células del crimen, ha significado la eclosión triunfal de otras.
Del todavía impune crimen de Rubí y de su madre Marisela poco tiempo después frente a Palacio de Gobierno en Chihuahua, le ha seguido la podredumbre.
Después de 10 años no hemos sido capaces de superar la patológica necrofilia que arrasa con todo y aunque cambien los gobiernos, la inercia, la abulia, el desinterés y la corrupción que coacciona, siguen avasallando.
En ese sentido, de acuerdo a registros sobre homicidios del INEGI, en 10 años (de 2008 a 2018), se registraron 25 mil 800 contabilizando los efectuados tanto en la vía pública como al interior de los domicilios de las mujeres ultimadas.
Y en los dos años del producto mercantil que se vendió como la Cuarta Transformación no hay datos para echar campanas al aire.
Y es que, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), en los primeros 7 meses del 2020 fueron asesinadas 2 mil 240 mujeres de las cuales 566 carpetas de investigación se integraron como feminicidios.
En 2019, año en el que Andrés Manuel se estrenó como Presidente, casi 3 mil mujeres fueron asesinadas y solo 1 mil 10 casos fueron investigados como feminicidios.
Sobre las espaldas del autodenominado gobierno de izquierda que administra al país, pesa la inercia estadística que afirma que de cada 100 feminicidios cometidos, 97 quedarán sin castigo.
A Rubí y a Marisela, le han seguido miles de nombres de mujeres y niñas cuyos rostros olvidamos conforme pasan los días y solo quedan como un número más.
La señora Marisela Escobedo no podría haber definido de mejor manera lo que sigue ocurriendo en nuestro país en la impartición de Justicia que es «un teatro en el que los payasos somos nosotros y los que se ríen son ellos».
Nosotros no tenemos motivos para reírnos porque estamos en medio de una pugna de poder cuyo aliciente es el dinero.
Estamos inmersos en una realidad en la que la vida humana no vale y en la que el pueblo sigue siendo presa de simples intereses políticos de grupos que prometen lo que no les interesa cumplir, porque su objetivo es el poder, no cambiar el rumbo del país. Qué jodidez ¿no cree?