Andrés Manuel López Obrador pretende pasar a la historia como un sobresaliente impulsor de la democracia participativa. No sorprende que la Revocación del Mandato sea una asignatura de carácter vertebral para su ejercicio de poder, así lo prometió durante su campaña electoral, fue uno de sus cien compromisos.
Sin embargo, entre la población empieza a permear la desconfianza respecto a sus verdaderas intenciones, máxime cuando su desempeño en el poder frente a un proceso electoral, dejó mucho que desear. Y es que, mientras AMLO dice defender la democracia, como autoridad en el proceso electoral 2020-2021, fue evidente la tendencia a favorecer a su partido con todos los recursos a su alcance.
Con ello, Morena echó por la borda su oportunidad como gobierno de demostrar que son diferentes al “viejo PRI”, respecto a prácticas repudiables de la compra y condicionamiento del voto.
Pareciera que quienes administran hoy, los recursos del país, basaron su retórica de años de campaña, en principios con los que lejos de comulgar, repudiaban, porque no eran ellos los privilegiados.
Y no sólo desde el poder, se nota que México está muy verde para ejercer una real democracia participativa como la que AMLO y defensores intentan simular.
Son notables los indicios de que ni los ciudadanos están realmente preparados para arrancar de tajo, los males crónicos de nuestra incipiente democracia posrevolucionaria. En ese sentido, también el “pueblo bueno” se presta sin chistar a vender sufragios a cambio de beneficios, cuyo costo, no asimila que emana de sus propios impuestos
Además, la idea de la responsabilidad histórica frente a la oportunidad de inmiscuirse más activamente en las decisiones de las elites, no permea en el electorado, más pendiente de su supervivencia, que de hacerle el caldo gordo a quien cada vez mas sectores civiles acusan de ocurrente.
La consulta popular cuyo supuesto objetivo era “enjuiciar a expresidentes” pero que en realidad carecía de mecanismos jurídicos para ese fin, fue ilustrativa. La participación del 7 por ciento de los 37 millones de votos que se necesitaban para que fuera vinculante, dejó claro que la ciudadanía necesita motivaciones de peso para dejar la comodidad del sofá y salir a votar.
De ahí que la consulta popular se haya tomado como un rotundo fracaso que se puede repetir en la próxima, sobre lo que en la administración federal se asume como una ratificación del mandato. Nuestro país tiene problemas apremiantes como una feroz tercera ola de Covid-19, cuya variante Delta, amenaza con el regreso al cierre de las actividades económicas. La crisis de inseguridad tiene a la población postrada ante el miedo y la incertidumbre. Para colmo de males, la naturaleza provoca destrozos en entidades que ya no esperan el auxilio de la federación porque los recursos del Fondo Nacional del Desastres ya no existen. Con todo eso a cuestas, López Obrador, opta por atraer los reflectores a un tema como una revocación del mandato que si bien es cierto, ya se aprobó en comisiones del Senado, implica gasto –sí, dirán que son recursos que hay que quitarle a Lorenzo Córdova del INE, para dilapidarlos en “democracia-, no se le ve un objetivo pragmático, más bien parece cumplir un capricho narcisista. En fin, usted juzgue.
De salida
Oposición sin brújula.- La oposición de plano navega sin brújula a pesar que el 2024 ya está a la vuelta de la esquina. Mientras varios perfiles de Morena se preparan desde ya para la sucesión presidencial, la oposición integrada hoy por PRI, PAN y PRD, que planea repetir fórmula de alianza como en la elección que recién pasó, deja que cartuchos quemados como Ricardo Anaya, cobren impulso como la figura de interés en la renovación del Ejecutivo Federal. El excandidato panista que perdió frente a Andrés Manuel en 2018, busca a través de la victimización, ganar los reflectores que lo posicionen frente al desgaste de quien prometió mucho, pero en lo hechos quedó a deber. Empero, las fallas del partido guinda en el poder, no necesariamente provocarán que de inmediato el electorado le dé una oportunidad a quien hoy, según fuentes, anunció que estaría fuera de reflectores a raíz de darse a conocer que la FGR, lo investiga por haber sido beneficiario de los sobornos de Emilio Lozoya. Con un perfil de ese calado como principal presidenciable, la oposición demuestra que está perdida, sin un proyecto que pueda quitarle al Movimiento de López y aliados, el poder en la próxima elección.