De izquierda a derecha: Pesro Padilla, Luis Medina Lizalde en Ignacio Fraire
Sobre la pluma: Norma Galarza es economista por la UAZ y columnista de La Cueva del Lobo desde 2014
El derecho es el conjunto de condiciones que permiten a la libertad de cada uno acomodarse a la libertad de todos.
Immanuel Kant
➡️¿La verdad tiene que ser acomodaticia?
➡️Una «charla» a la medida
➡️¿Libertad de expresión a salvo?
➡️¿Defensa de audiencias o ontrol de medios?
¿La verdad tiene que ser acomodaticia?
Existe una línea muy delgada entre defender la verdad en base a los hechos y adoptar la verdad que más se acomode a la conveniencia personal o de un grupo. Para que exista un punto medio, la oferta en comunicación tiene que ser variada y plural. Si hablamos de noticias, de opiniones políticas, las audiencias deben reconocer qué intereses promueve cada uno de los medios de comunicación y elegir entre todas las plataformas, la que más le satisfaga. La libertad es que usted, lectora, lector, pueda elegir, descartar o aprobar. Un mismo hecho puede leerse desde diferentes ópticas, pero el hecho en sí, no cambia. De ahí que el ciudadano es responsable de ser capaz de distinguir entre los contenidos. Empero, tal parece que un sector radical de Morena, piensa que la gente necesita tutela para identificar las diferencias. Difuminan la frontera entre una verdad y su interpretación facciosa, por el simple hecho de que comulgan religiosamente con la idea oficialista.
Una «charla» a la medida
Todo esto viene a colación, porque el viernes pasado, la periodista Nancy García y yo, acudimos a una convocatoría de la Asociación Civil Transformación en Paz y Libertad (abiertamente filial del régimen que gobierna). Sabíamos qué esperar por el perfil del evento y no fuimos defraudadas. Era lógico que escucharíamos la versión oficial y su defensa. Es respetable. Entramos a un foro indispuesto a escuchar opiniones contrarias. Luis Medina Lizalde «El oso», habló sobre la polémica de los lineamientos para la defensoría de las audiencias. La cita en la librería Don Quijote, no estaba diseñada para el debate, ni el contraste de opiniones, sino para catequizar a una grey convencida de que el poder público en turno, es incapaz de hacer algo contra la libertad de expresión del pueblo bueno y sabio. Ergo, la mayoría de los presentes, iban evidentemente condicionados a escuchar un discurso acomodaticio a sus creencias actuales -supongo que no hay necesidad de recalcar que lo que tecleo es opinión personal ¿verdad?-. El podio lo encabezaron además de «El oso», Ignacio Fraire y como presentador Pedro Padilla.
¿Libertad de expresión a salvo?
Como era de esperarse la exposición giró en torno a una defensa a priori de la propuesta que, por cierto, a grandes rasgos, luce inofensiva. Coincido en la necesidad de mostrar una etiqueta a los contenidos que exponga, qué es nota pagada, qué es opinión, no tengo nada en contra de eso, porque también sería importante que se le adjunten ese tipo de nota a los medios de comunicación que reciben recurso público en convenios publicitarios. El problema, es que el cónclave del viernes fue patente de corso de que al régimen le da comezón que le lleven la contra, por las reacciones irritadas que siguieron a las preguntas de mi compañera y mías. Sobre los derechos de las audiencias, es necesario calcar que datan de 2013. Se incorporaron en el artículo 6 de la Constitución. El gobierno de Peña Nieto los promovió como una garantía para quienes reciben contenidos de radio y televisión. En 2014 la Ley Federal de Telecomunicaciones los desarrolló con mayor precisión. Es decir, que la 4T no descubrió el hilo negro, pero resulta paradójico que quienes insisten en promover la regulación como inofensiva, inviten a foros de convencimiento, alineados al discurso oficial que son patentes de corso de que éste gobierno no apela a los contrapesos en comunicación. En ese sentido, es claro que el evento no fue convocado para discutir de manera objetiva un asunto, sino para escuchar aplausos, vivas y hurras sobre la brillante idea que Claudia Sheinbaum colocó en la palestra. Quedó muy claro cuando comenzamos a increpar a los ponentes mi compañera y yo. Y el punto, tendría que ser, que también hay que tener la capacidad para escuchar pacientemente, sin linchamientos lo que nos incomode. Sobre todo en el contexto actual en el que ya no existe el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) que perdió su autonomía desde diciembre de 2024.
¿Defensa de las audiencias o control de medios?
Recordemos que en el combo en el que el Estado mexicano absorbió al INAI, al CONEVAL, a la COFECE, entre otros organismos autoregulados, se incluyó al de Telecomunicaciones, que cambió su nombre a la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) adscrita hoy a la Agencia Digital y Comunicaciones del Gobierno de México. A donde voy con todo esto, es que aunque se hable de que cada medio tendrá su defensor de audiencias, no es asunto menor que el ente encargado pertenezca al gobierno federal. El temor sobre la tentación para ejercer un control de medios -por lo pronto en radio y televisión- no es injustificado. Máxime cuando entre las filas del régimen se incluyen fanatismos exacerbados, que, por cierto, no los condeno, creo en la libertad y es enriquecedor escuchar todas las opiniones aunque no coincida con ellas. Al final, no hay margen de confianza para un «Movimiento$ que usa el púlpito para cuestionar ¿Cuánto gana Loret? un periodista que hoy está en el lado crítico, mientras trata de callar cuánto ganan Televisa y La Jornada, dos de sus medios aliados, que concentran el mayor porcentaje de los más de 4 mil millones destinados en publicidad oficial en 2025. Desde mi parecer, lo más sano para una democracia es que el poder -sin importar quien lo ostente- no intervenga en lo que se publica en medios de comunicación y deje a criterio personal qué ver y que no. O ¿Usted qué opina?