La corrupción o la ineptitud

 

“Porque es peor el bien mal realizado que el mal mismo. Lo primero destruye la posibilidad del bien y mata la esperanza. El mal, por lo menos, renueva la rebeldía y la acción de combatirlo» Manuel Gómez Morín

Por Chistian Del Havre

Un país con la economía más abierta del mundo, la tercera menos corrupta y la más favorable para los negocios, pero que hace apenas unas décadas era de las más corruptas y atrasadas del sureste asiático, sí hablo de Singapur, el país con la tercera tasa de paridad en poder adquisitivo, con ello de los menos injustos en la dispersión de riqueza.

Por cuestiones de cultura, situación geográfica o disposición de recursos naturales no podemos juzgar la prosperidad de una nación, aun así en la primer afirmación podemos decir que 9 de cada 10 mexicanos creen que la corrupción es una práctica que ocurre de manera frecuente, es decir cotidiana; 7 de cada 10 negocios se ha visto orillados a participar de actos de corrupción para agilizar trámites y 4 de ellos señala consentir estos actos para evitar multas o sanciones.

Pero esta visión de vida de convivir con la corrupción para tratar de mejorar o de evitar dolo, viene de un sistema de cacicazgos regionales que actuaban como virreyes detentaban el control militar, económico y político de la familia revolucionaria, casos abundan en Tabasco, Veracruz o el estado vecino de San Luis Potosí, con Gonzalo N. Santos donde uno de sus lemas “la moral, es un árbol que da moras”, evoca cómo en el sistema político echó raíces la corrupción y la falta de ética. Con ello fomentaba el capitalismo de cuates, que hasta nosotros padecemos.

En el 2018 se votó por un cambio que dejara atrás la corrupción como sistema de administración, un cambio que buscaba la esperanza de un país para todos, y se le dio la carta abierta, que ni Fox o Calderón tuvieron para cambiar el sistema o régimen, ya que el partido en el gobierno (MORENA) no solo ganó la presidencia, sino la mayoría de las dos cámaras dando oportunidad de hacer cambios rápidos y efectivos.

Hace casi un año el presidente en sus monólogos mencionó que le importaba más la honestidad que la experiencia y lo resumió en la siguiente en la frase “le interesaba tener servidores públicos con 90% de honestidad y 10% de experiencia”, cosa que ha dejado a deber, ya que entre sus principales funcionario públicos están Manuel Bartlett que viene del régimen priista más caduco y que no sólo perpetuo un fraude electoral, sino también se le han demostrado negocios y una fortuna inexplicable; Marcelo Ebrard que con las irregularidades de la línea 12 del metro tuvo cuestionamientos en el costo y mantenimiento con un presupuesto de dos años del estado de Zacatecas para una sola línea de metro; Ana Gabriela Guevara, con el desaseado manejo de recursos para nuestros deportistas; hasta la familia cercana al Presidente se ha visto envuelta en actos de corrupción, su cuñada como sindica de Macuspana, Tabasco desvió 200 millones y después desapareció; y Pío López Obrador que recibió dinero para el apoyo del partido MORENA de forma irregular que según estudios asoman nexos con el presupuesto de uno de los estados más pobres: Chiapas.

Con esto se puede afirmar que la corrupción, no sólo no se ha erradicado en lo que va del sexenio, sino se ha incrementado. Lo puedo afirmar porque las obras públicas y compras del gobierno federal ya no se licitan o concursan. Según un artículo de Forbes hasta mayo de este año casi el 80% ellas fueron adjudicaciones directas. Otro ejemplo es el Tren Maya que tiene un 92% de adjudicación directa ¿dónde queda pues la frase del 90% de honestidad, en el tintero o en el basurero?

Al no tener capacidad o aptitudes para desempeñar un cargo lo que generas es, no sólo la dependencia en la que se labora sino también a quien sirves los pones en estado de vulnerabilidad, lo señala Rodrigo Pérez Tejada en un artículo para Nexos, pues no estar preparado también es corrupción y deshonestidad; largas sesiones de las comisiones de ambas cámaras pasaron hasta que por decreto presidencial se impuso gente que no estaba preparada para dirigir una institución, consejo o comisión y que con ello solo fueran un florero que adornan las instituciones públicas.

Sino preguntémonos que ha hecho Rosario Ibarra de Piedra en la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Muchos se desgarraran las vestiduras diciendo: antes también había compadrazgos y filiaciones políticas para los puestos, yo les diré, sí, pero por eso la ciudadanía votó en el 2018 por un cambio que le diera esperanza, pero desgraciadamente ni son el 90% honestos y ni tienen el 10% de preparación para el cargo ¿O por qué tendríamos más de 60 mil muertos por temas de inseguridad y aun así todavía tiene el titular del área, el descaro de ir a competir por un cargo de elección popular?

O por ejemplo,  los programas federales que fueron recortando o desapareciendo por falta de transparencia y efectividad como el que estuvo a cargo del paisano David.

Otro dato revelador ha sido las renuncias del gabinete presidencial iniciando con el Secretario de Hacienda hasta llegar al titular del recién creado Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, por no coincidir con lo que dicta el titular del ejecutivo.  Él mismo reaccionó pidiendo “obediencia ciega”, esa misma que me hace recordar a los oficiales nazis en los juicios de Núremberg donde justificaron sus atroces actuaciones por este principio de obediencia a la autoridad.

Muchas ocasiones se escuchó en la calle o en campañas “más vale malo por conocido, que bueno por conocer” o “ellos roban pero si saben gobernar”, pues creo que es momento de dejar este pensamiento atrás, un país es próspero porque sus leyes se respetan.  Comenzando por los gobernantes y por todos sus habitantes, la ley se aplica no se consulta.  Tenemos en nuestro país, que 99 de cada 100 delitos se quedan sin castigo o que este 2020 México ocupo el lugar 60 de 69 en el índice mundial de impunidad.

La reflexión de la frase inicial, del creador de instituciones del siglo XX,  es que no sólo debemos buscar representantes honestos, que sí lo sean, también necesitamos que sean capaces, que busquen hacer las cosas lo mejor posible.

La tarea como la de Singapur no sólo es de las autoridades,  es de los ciudadanos, que no seamos comparsas, ni un voto a los corruptos, ni un voto a los incapaces.

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