Nota: La expresión popular mexicana de «el Diablo anda en los quiotes», hace referencia a los lapsus brutus (de distracción, pues), que puede tener dicha figura del mal.
Soledad Luévano se expresa bien de Gema Mercado
Julio César Chávez, rectificó a tiempo
AMLO se pitorrea de los memes del avión presidencial ¿y usted todavía se enoja?
Fresnillo y la rifa de la Suburban blindada.
Gema Mercado una funcionaria honesta.- Cambiando de tema, es evidente que Gema Mercado de una de las funcionarias más decentes de entre los actuales funcionarios del Gobierno del Estado. Y es que, recordemos, fue Gema, quien en meses pasado, denunció que estudiantes normalistas pretendían chantajearla para obtener beneficios, a los que la titular de SEDUZAC no cedió. Estos días trascendió que la encargada de la educación en Zacatecas, no está dispuesta a tolerar costumbres que anidaron y se normalizaron en las administraciones pasadas, como la deleznable venta de plazas laborales. Al exhibir como se mueve el ajo e intentar erradicar esas viejas costumbres (que por cierto, también se ven en dependencias federales, sin que hasta el momento, nadie haga nada), Gema demuestra que es una trabajadora pública honesta que merece el puesto que ostenta. ¡Vaya! Hasta doña Remilgos Luévano, la reconoció a través de su Facebook, donde la Senadora publicó una cuasi felicitación por haber denunciado esa práctica. ¿Qué tal?
Julio César Chávez, rectificar.- Luego que la empresa Trash incumpliera el convenio signado con el ayuntamiento de Guadalupe de encargarse de la recolección de la basura que se genera en el municipio, para evitar suspicacias, el alcalde empezó la rescisión del contrato con ese consorcio. Chávez Padilla entendió el pulso social y supo que de no corregir el convenio que desde que se socializó causó suspicacias e inconformidades, además de incertidumbre entre los empleados de limpia de la Presidencia, le traería graves problemas políticos y de credibilidad futuros. De optar por la consabida tradición de algunos políticos de hacer oídos sordos y solapar el incumplimiento de la empresa durangueña, el primer edil, estaría ahorita siendo observado con lupa, por aquello de que no es por intrigar, pero desde que empezó el brete de la basura, más de un chismoso metió la sospecha de que Chávez Padilla, tenía intereses económicos en ese negocio. Qué bueno que rectificó.
AMLO, se ríe del resultado de sus ocurrencias.- No cabe duda, que Andrés Manuel López Obrador, dista mucho de ser el ser humano inocente que quiere promocionar. El día de ayer, ante la respuesta sarcástica con la que los mexicanos recibieron su idea de rifar el avión presidencial AMLO, exhibió que las críticas y burlas que recibe ante sus exabruptos, en realidad le divierten. En la conferencia matutina el mandatario se pitorreó ante el arsenal de memes que generó su declaración de hacer “cachitos” de 500 pesos para que el avión que compró Felipe, pero disfrutó Enrique, deje de ser uno de sus más constantes dolores de cabeza, por aquello que durante la campaña, empeñó su palabra. Tal parece que al ocupante de Palacio Nacional no le quita el sueño el hecho de que sus ocurrencias contribuyan a la pérdida de su todavía alta popularidad. Él se divierte.
La rifa de la blindada.- Por cierto, y ya que tal parece que el líder moral de los morenos impone modas entre sus discípulos, Saúl Monreal, no ve como mala la idea de rifar la Suburban blindada que le heredó la administración del despilfarrador Benjamín Medrano. El alcalde de “El Mineral” anunció en conferencia de prensa, el lunes pasado, que rifará dicho bien mueble. De la misma manera que AMLO, el menor de los Monreal, pretende deshacerse del “incómodo” vehículo, para que la gente no piense que a los emisarios de Morena, los seducen el lujo y esas cosas del diablo, propias de los neoliberales (Ajá). No obstante habría que tener cuidado, porque en Fresnillo los únicos pudientes suelen dedicarse a actividades non-sanctas, o peor aún, son políticos. Pues por lo pronto, hay que ir alimentando el cochinito para entrarle a la rifa porque, como dice José Saramago en su novela “Las intermitencias de la muerte”, los tiempos no están para atar perros con longanizas ¿O sí?