A la par de la pandemia del virus de COVID-19, avanza la recesión económica dejando en evidencia las injusticias del modelo neoliberal, pero no del capitalismo como modo de producción. Sí algo tenemos claro es la capacidad del capitalismo para reinventarse, por ello, el auge de empresas digitales y de la criptoeconomía o como la llaman los ingleses underground economy, es lo de hoy.
En términos técnicos la criptoeconomía es el uso de incentivos y elementos criptográficos para diseñar mecanismos monetarios. Es una nueva forma de pensar. Se aplican técnicas criptográficas y herramientas tecnológicas para desarrollar nuevas herramientas y mecanismos económicos.
Para el desarrollador de Ethereum, Vlad Zamfir es “una disciplina que examina los protocolos que regulan la producción, emisión y consumo de bienes y servicios en una economía digital localizada”.
El blockchain es la tecnología que ha posibilitado esta revolución. Se trata de una cadena de bloques que forman una base de datos distribuida y segura, que permite realizar transacciones de manera autónoma, verificada y sin intermediarios.
Asimismo, permite la descentralización, el anonimato de los usuarios, la seguridad cifrada y la validación, y transparencia de sus procesos. Tal vez, estas características junto a las propiedades de las criptomonedas como activos infalsificables, limitados y globales convierten a la criptoeocnomía en una alternativa al sistema financiarización el cual promueve la acumulación, desigualdad y pobreza.
La criptoeconomía presume que a través de la democratización de la emisión monetaria (criptomonedas o criptodivisas) en la plataforma tecnológica existirá un mundo de iguales con una distribución de la riqueza más equitativa. Esta es la razón por la que el sistema bancario rechaza las criptomonedas como medio de intercambio; sin embargo, por sus características si es un activo óptimo para la especulación financiera.
La primera de las criptomonedas, también la más utilizada, es el bitcoin. Fue creada por una persona anónima que utilizó el seudónimo de “Satoshi Nakamoto” en 2009, luego de la última crisis económica global causada por el colapso una burbuja especulativa de mercado inmobiliario de Estados Unidos.
El bitcoin no es regulada por ninguna entidad financiera y tiene un número finito. Para entender el Bitcoin hay que entender varios conceptos básicos. El primero es que se basa en una red de ordenadores descentralizada, lo que suponen nodos repartidos por todo el mundo con copias de todas las transacciones que se han realizado.
El segundo concepto es el de los mineros, personas que forman parte de los nodos, y que tienen el incentivo de que cada vez que se generan Bitcoins nuevos se reparten entre quienes forman parte de los nodos.
El bitcoin ha sido utilizado en los últimos meses como valor refugio por la seguridad que aporta, en el mercado financiero como una protección a la desenfrenada impresión de dinero de los bancos centrales -el número de bitcóins es finito y no puede haber más de 21 millones de estas criptomonedas-. Pese a que la volatilidad del mercado de las criptomonedas es mayor al de otros.
Según datos de InvestingMx al inicio de la pandemia, el principal mercado del bitcoin se encontraba en Asia, en los últimos meses se ha expandido en la Unión Europea, Estados Unidos y Latinoamérica.
Algunos expertos vaticinan que con las criptomonedas desaparecerá el dinero tal y como lo conocemos dentro de 20 o 30 años. Es probable que no veamos esta predicción hecha realidad, porque el uso de estas divisas como medio de intercambio, desplazaría a las entidades financieras y al crédito tal como lo conocemos. Es decir, tocaría los intereses de los grandes bancos y creo que es imposible que no den batalla por conservar el statu quo.