Sobre la pluma: Alejandro Bonet Ordóñez es coordinador de El camino de México, plataforma política de Marcelo Ebrard en Zacatecas
La derrota en Coahuila no es un tropiezo cualquiera. Es un golpe seco que Morena debe mirar de frente. Este 7 de junio de 2026, la coalición PRI-UDC arrasó con el 55 % de los votos y se llevó los 16 distritos de mayoría relativa, mientras Morena-PT se quedó en apenas 26 %. Un 16-0 contundente. La ciudadanía habló claro: las divisiones internas y las malas prácticas se pagan en las urnas.
Esta es la última llamada para la unidad en Morena. Los procesos de 2027 están a la vuelta de la esquina y no hay margen para seguir cometiendo los mismos errores.
No demos por muerta a la oposición. El PRI demostró que en sus bastiones sigue siendo una máquina electoral poderosa. Cerraron filas, movilizaron su estructura y aprovecharon las fracturas de Morena. El PAN, aunque quedó relegado en esta elección, mantiene capacidad de alianza y un electorado sólido. Dar por muerto al PRI o a la oposición en general sería un error histórico. Ellos saben reinventarse y atacan exactamente donde olemos debilidad.
Los coahuilenses castigaron nuestras divisiones. En un estado donde los programas sociales deberían haber sido una ventaja, perdimos porque no presentamos un frente unido y coherente.
Gritémosle fuerte a los malos operadores del Bienestar. Esos que convierten las pensiones y apoyos en herramientas de chantaje o negocio personal. Eso no es transformación, es traición. Esos perfiles deben salir del movimiento ya.
Y aquí viene una verdad incómoda que el partido nacional no puede seguir ignorando: Morena no debe aceptar perfiles ya ligados a grupos políticos que traen un costo significativo. No podemos seguir imponiendo candidaturas que arrastran malos dividendos en temas de mujeres, campo y maestros. Esos malos manejos generan rechazo inmediato entre sectores clave de la sociedad.
Zacatecas Capital, Guadalupe y Fresnillo deben ser la pauta. Ahí tenemos que apostar por perfiles nuevos, limpios, que no estén ligados a malos manejos ni a funcionarios cuestionados. Perfiles frescos que conecten de verdad con las demandas de las mujeres, del sector agropecuario y de los maestros. Zacatecas tiene que ser considerado seriamente en el CEN de Morena como ejemplo de renovación y unidad. Donde otros fallaron por imponer perfiles pesados, Zacatecas puede mostrar que sí es posible ganar con gente nueva, honesta y comprometida con el proyecto.
Nunca hay que dar por muerto a nadie, ni al movimiento ni al adversario. La historia de Morena está llena de resurrecciones, pero esa fuerza popular no es infinita si seguimos repitiendo errores.
La unidad no es un eslogan, es disciplina. Significa aceptar al candidato o a la candidata que surja de un proceso limpio, sin importar corrientes. Significa escuchar a la base y no imponer perfiles que solo benefician a unos cuantos.
Coahuila duele, pero es una gran oportunidad para rectificar. La oposición no está muerta, los malos operadores siguen dentro y los perfiles tóxicos siguen costando elecciones. Zacatecas Capital, Guadalupe y Fresnillo nos marcan el camino: nuevos perfiles, unidad real y cero tolerancia a los malos manejos.
La última llamada ya sonó. O la atendemos ahora con autocrítica y limpieza profunda, o seguiremos regalando triunfos que deberíamos ganar con facilidad. El CEN de Morena tiene que tomar nota: Zacatecas debe ser el ejemplo, no la excepción.