“Alito” y Noroña: Circo para una sociedad polarizada

Norma Galarza

¡Ay de los pueblos gobernados por un poder que solo piensa en la conservación propia!

Jaime Luciano Balmes (1810-1848) Filósofo y sacerdote español

➡️Política de nivel subterráneo

➡️División

➡️La trampa identitaria

 

Política de nivel subterráneo.- Un episodio de deleznable violencia en el Senado de la República, motivó un debate público atizado por la franca polarización que existe en el país. Los catorrazos los empezó Alejandro Moreno Cárdenas contra Gerardo Fernández Noroña. Antes de que “Alito” saltara como energúmeno contra su homólogo, el de la 4T cerró micrófonos y concluyó la última sesión de la Comisión Permanente, sin importarle un bledo el derecho de los opositores a emitir posturas.  El himno nacional sonaba de fondo, mientras el líder del tricolor reclamaba al todavía presidente de la Mesa Directiva de la Cámara Alta, el atropello cometido.  Luego trató de dar el primer golpe que Noroña esquivó. El del PRI, entre la gresca, no buscaba quien se la hizo, sino quien se la pagara y aventó a uno de los colaboradores del  ex petista que luego salió a medios con collarín y un vendaje en el brazo.  El enfrentamiento en tribuna encendió ánimos entre opositores que tomaron partido y empezaron a insultar desde sus curules a alguno de los dos protagonistas. Ahí no paró. Escaló al ring de la opinión pública donde fue motivo para que algunos tomaran partido.

División.- Al trascender  las paredes del edificio ubicado entre Insurgentes y Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, llegó al tribunal mediático y de redes sociales. Es obvio que entre el debate no debe justificarse ningún tipo de violencia. Ni la sutil que provocó el autoritarismo de Fernández Noroña, ni la física, evidente en la respuesta irracional de Moreno Cárdenas.  Pero en un México dividido por filias y fobias políticas, atizadas desde las élites a las que les conviene que nos entretengamos en distractores – a la par que ellos pactan a conveniencia-,  esto ya es insostenible. Al poder -y hablo de la clase política en general- le conviene generar distractores, simular enfrentamientos, mientras ellos se reparten el pastel. De ahí, que lo ideal para nosotros, el pueblo, sea no tomar partido. Las familias que dominan al país desde hace al menos 30 años, nos han arrastrado-con mayor claridad los últimos años- a una trampa identitaria.

La trampa identitaria.- El filósofo español, José Antonio Marina, tiene muy bien identificada la trampa que resulta de dejarse llevar por ideologías que impiden debates críticos, no contaminados por percepciones impuestas de la realidad. Dice: “Cualquier ataque a mi ideología, mi cerebro lo interpreta como un ataque a mi identidad (…) El hecho de que mis ideologías esten sumamente ligadas a mi definición de identidad me limita de una manera extraordinaria, porque cualquier argumento en contra de mi ideología, lo voy a identificar como un ataque personal”. El pensador, señala que la trampa identitaria consiste en aferrarse a nuestras creencias y asumir que quien opine diferente es el enemigo. Por eso, dice, es mejor educar en el pensamiento crítico. Cultivar el debate de argumentos, nunca de descalificaciones. Es la única manera de centrarse en el problema que nos divide, para juntos, buscar las soluciones.  La división que persiste en México entre ciudadanos, tiene que ver con nuestra incapacidad para descafeinar las ideologías que generalmente contienen sesgos políticos impuestos por la narrativa de los poderosos en turno.  Imagine usted el país qué tendríamos si en lugar de justificar los errores o delitos del actual régimen de gobierno -o de los pasados-, nos centráramos en la búsqueda de soluciones y exigiéramos castigos reales contra quienes delinquen. En lugar de etiquetarnos entre chairos y fifís, nos pusiéramos la etiqueta de personas que queremos un bien común. Necesitamos una sociedad a la que realmente le moleste la corrupción y la ineficiencia en el servicio público, sin importar las simpatías con el partido en el gobierno. Si lo tuviéramos, no habría cuestionamientos absurdos como ¿Dónde estabas cuando el PRIAN dejaba pasar la inseguridad? ni ingenuos asumiendo que los problemas del país se van a resolver solo con el regreso de los partidos que ya detentaron el poder. Y es que, parecemos condenados a repetir los mismos errores desde hace décadas. A centrarnos en la superficie y dejar pasar lo importante. Debemos parar. No hacerle el caldo gordo a quienes se asocian cuando les conviene y se pasan por el arco del triunfo las ideologías. ¿No le parece que es hora de pensar con seriedad en el futuro que queremos para nuestra tierra?  0 ¿Usted qué opina?

Hasta el miércoles.

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