Narcocorridos y violencia en Zacatecas

Sobre la pluma: Norma Galarza es economista por la UAZ y columnista de La Cueva del Lobo desde 2014

«No se deje engañar por lo que aparezca en la superficie. En las profundidades es donde todo se vuelve ley».

Rainer María Rilke

➡️Un enfrentamiento y una cancelación polémica

➡️La música como reflejo de una realidad social y el negocio

➡️Estado omiso y violencia normalizada


Un enfrentamiento y una cancelación polémica

Un enfrentamiento entre grupos criminales adversarios regó al menos cinco cadáveres en las calles de Jerez, Zacatecas. Horas antes, circuló un presunto video de un grupo criminal amagando a otro con una limpia territorial. Antes de ese hecho de sangre, Rodrigo Reyes, escudado en la Mesa de Construcción de Paz, pidió al ayuntamiento de Fresnillo la cancelación del concierto de Luis R. Conriquez, un cantante de narcocorridos. La presentación estaba programada para el 28 de agosto en el marco de la Feria Nacional de Fresnillo (FENAFRE) 2026. El argumento del secretario general de Gobierno fue que se hacía apología del delito. El municipio que administra Javier Torres Rodríguez, respondió rápido con la cancelación del evento musical. Sin embargo, surgió el cuestionamiento contra el gobierno estatal porque en el cartel de la Feria Nacional de Zacatecas (FENAZA) 2026 también se incluye la presentación de Oscar Maydón, un cantante que incluye en su repertorio los llamados “corridos tumbados”.

La música como reflejo de una realidad social y el negocio

La discusión sobre si la música que hace apología del delito, que promueve la narcocultura, es la causa de que nuestra entidad sea un polvorín al que le basta un chispazo para detonar la violencia, es añeja. El país cumplió ya veinte años de una guerra que instauró el Estado presuntamente contra los grupos criminales, que, no obstante, los reprodujo. Para muchas opiniones, los narcocorridos solo relatan una realidad en la que el consumo de drogas, el homicidio y el dinero “fácil” pasaron de ser lo prohibido a la aspiración de jóvenes confundidos. Otros opinan que escucharlos es inofensivo porque sus letras no convierten automáticamente en maleante. Pero hay razones más profundas en su éxito: la normalización de la violencia tiene mucho que ver con un Estado omiso o cómplice de un poder económico que genera miles de millones de pesos al año. Las expresiones que exaltan la vida de los narcos son en realidad un plan del sistema para justificar un negocio en el que se involucran las élites políticas porque les deja millonarios ingresos.

Estado omiso y violencia normalizada

Los gobiernos son al final subordinados de un sistema económico en el que el dinero proveniente de las actividades ligadas al crimen organizado se mantiene como una firme estructura de complicidades. No es casualidad que las compañías discográficas y las plataformas de difusión musical den cabida a ese tipo de contenidos. Han penetrado a tal grado que la mayoría de los sectores los conoce aunque no lo haya elegido. El ejemplo de “Peso Pluma” muestra cómo la industria premia a exponentes de corridos tumbados pese a su apología del delito. Al final, la música que nos impuso el sistema económico para justificar los baños de sangre ganó la narrativa. Detrás de ella se encuentran miles de jóvenes reclutados, miles de desaparecidos y madres que desentierran huesos en predios olvidados. Más grave que un narcocorrido son los pactos de los gobiernos en turno con grupos criminales para dejarlos operar. Más escandaloso que una canción es que el Estado haya renunciado a garantizar el estado de derecho. La cancelación de músicos, aunque congruente, no mejora la seguridad de Zacatecas. Es como recetar mejoralitos para un cáncer terminal. Cuatro administraciones han pasado y el problema crece mientras el Estado se entretiene en frivolidades para salvar su discurso político. Así las cosas.

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