Mientras los discursos de odio desinforman, una biblioteca feminista en Zacatecas siembra pensamiento crítico y genera miedo entre quienes prefieren la ignorancia. ¿Por qué tanto escándalo por abrir un lugar de lectura y encuentros?
La inauguración de CirculAteca, la primera biblioteca feminista de consulta pública en Zacatecas, provocó una oleada de reacciones hostiles. Impulsada por la colectiva Circula de Lectura “Tlazoltéotl habla”, desde La Casa Roja en el Centro Histórico, con recursos del PACMYC, CirculAteca es más que un acervo: es una apuesta autogestiva por la cultura viva, la reflexión y la comunidad.
En sus estanterías hay más de cien títulos de autoras poco conocidas o difíciles de conseguir. Pero también hay talleres de acuarela, círculos de lectura feministas, micrófonos abiertos y bazares colectivos de economía solidaria como Planeta Fantasma, Gabee’s, Huellitas Lunares o Ardilla Sifuentes. Este no es un espacio pasivo: es un punto de encuentro donde se intercambian saberes, se narran memorias y se construye cultura desde abajo.
Y eso molesta. En pleno 2025, el feminismo sigue siendo caricaturizado como odio contra los hombres. Pero esas caricaturas no son críticas, son muros hechos de miedo y silencio.
Decir que el feminismo es odio es tan absurdo como decir que el antirracismo odia a las personas blancas. En verdad, es un movimiento por la justicia, por reconocer desigualdades estructurales y por reivindicar la dignidad de mujeres, disidencias y comunidades diversas.
Bell Hooks lo avisa: el feminismo es “un movimiento para acabar con el sexismo, la explotación sexista y la opresión” (Hooks, 2000, p. 33). No busca legitimar un matriarcado, sino desmantelar jerarquías patriarcales.
Lo que incomoda no es CirculAteca, sino su existencia. El temor —el clásico— de que mujeres, juventudes y barrios se auto eduquen, cuestionen y dejen de callar.
Ese miedo no es nuevo. En épocas pasadas, Marx, Gramsci o Beauvoir fueron censurados no por peligrosos, sino por su poder de generar conciencia. En Corea del Norte hoy portarse crítico puede ser más riesgoso que fumar. Porque el verdadero peligro es imaginar otros mundos, no cumplir normas morales.
Incluso en democracias como Estados Unidos, hay bibliotecas censuradas por tener libros LGBTQ+ o de teoría de género. El corporativismo del miedo no distingue sistema político: teme al saber.
Es el mismo miedo que llevó a la alcaldesa de Cuauhtémoc a retirar esculturas de Fidel Castro y el Che Guevara: no por estética, sino por borrar referencias del pensamiento revolucionario universal de las izquierdas.
Mientras algunas figuras refuerzan prejuicios desde el privilegio, otras promueven discursos retrógrados disfrazados de motivación espiritual. Recientemente, el futbolista Javier “Chicharito” Hernández afirmó que “las mujeres están fracasando” y deben recuperar su energía femenina cuidando el hogar. Su mensaje fue sancionado: violencia simbólica y mediática, según autoridades y la Secretaría de las Mujeres.
Ese es el mundo que CirculAteca desafía: un mundo donde el machismo se regenera con impunidad. Ante ello, las bibliotecas feministas son ineludibles.
Peor aún es cuando actores públicos usan la Violencia Política en Razón de Género como arma para acallar: no por daño de género, sino por críticas legítimas sobre su gestión. Este uso oportunista no solo trivializa una herramienta ganada a pulso, sino que resentimenta la institucionalidad que debía proteger a mujeres silenciadas.
No podemos permitir que esa figura legal pierda su fuerza. Usarla responsablemente es afirmar que las mujeres violentadas importan, y que la crítica en democracia no es agresión.
Por eso CirculAteca importa: para enseñarnos a distinguir entre violencia y crítica, entre lucha auténtica y simulación. Para convertir la memoria feminista y el pensamiento crítico en derecho, no privilegio.
CirculAteca no impone lecturas: abre puertas. Simone de Beauvoir dialoga con Rosario Castellanos; Chimamanda Ngozi Adichie invita preguntas; economía del cuidado, violencia simbólica, memoria, poesía, saberes diversos conviven con arte colectivo y debate.
Eso también es CirculAteca: un refugio, un mapa, una grieta luminosa en la pared del silencio. Donde leer se vuelve política y donde imaginar se convierte en resistencia.
En un país que silenció epistemologías femeninas y disidentes, este proyecto es acto de justicia epistémica: corrige la invisibilidad de conocimientos subalternos que no cabieron en el canon dominante.
Aquí también habitan memorias indígenas, relatos comunitarios, demandas por justicia territorial y ambiental. Es un punto de encuentro interseccional y antirracista, donde el feminismo abraza varias luchas.
CirculAteca hereda esa memoria local de resistencia: desde las casas del maestro rural hasta los refugios feministas de Zacatecas como la Casa de Engracia, y esa rebelión lectora que no se resigna a callar.
Como recordó Heine: “Donde se queman libros, se acaba por quemar a seres humanos” (Heine, 1821). Las bibliotecas no son peligrosas. Lo peligroso es negar el derecho a pensar, a imaginar y a disentir.
¿Por qué una biblioteca feminista incomoda tanto?
Zacatecas tiene bibliotecas institucionales. Pero pocas abiertas a voces disidentes, memorias de mujeres, cuerpos subalternos. CirculAteca surge donde el acceso a la lectura crítica se determina por barrio, apellido o clase social.
Vivimos en una sociedad que tolera armas, narcomantas y discursos de odio, pero escandaliza un estante con libros feministas. Algo está mal cuando el conocimiento inquieta más que la violencia.
La Constitución mexicana lo ampara: artículos 6º y 7º protegen pensamiento, expresión y difusión. Censurar a quienes promueven lectura feminista no solo es absurdo: es inconstitucional.
Diversos feminismos, misma apuesta por la justicia
El feminismo no es uniforme. Es comunitario, decolonial, indígena, afrodescendiente, académico, popular. CirculAteca no adoctrina: convoca. Reúne autoras diversas en diálogo plural.
Lagarde habla de feminismo como ética de libertad, solidaridad y poder compartido (Lagarde, 1996, p. 22). Gargallo lo ve como reinvención del poder desde el cuidado y la dignidad. Julieta Paredes sostiene que el feminismo es palabra que resiste al olvido.
Imagino a una niña zacatecana que entra y aprende que el silencio no es destino. Que tomar un libro puede ser su primer acto de libertad.
Que nadie tema a una biblioteca. Leamos, compartamos, cuestionemos. Porque donde una niña encuentra su voz, allí nace una verdadera revolución.
Que otras bibliotecas florezcan, en cada barrio, escuela o corazón dispuesto a leer el mundo con otros ojos.
Mi reconocimiento a la valentía de Circula de Lectura “Tlazoltéotl habla”, La Casa Roja y las hermanas Córdova. Ustedes hacen posible que en Zacatecas florezcan ideas que liberan.