De acuerdo a un estudio publicado en la revista británica Lancet Global Health en 2020, se estima que alrededor del mundo se practican más de 73 millones de abortos por año. Su penalización no constituye una traba para que del total de los embarazos no deseados alrededor del orbe, 61 por ciento sean interrumpidos.
Ayer, personas de todas las latitudes emprendieron diversas actividades a favor del derecho a una maternidad deseada en el marco del Día de la Acción Global para el Acceso al Aborto Legal y Seguro.
En México, el pasado 8 de septiembre la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) dictaminó la inconstitucionalidad de su penalización, el logro es histórico porque significa que ninguna mexicana podrá ser castigada con la cárcel si decide no continuar un embarazo.
La invalidación del artículo 196 del código penal del estado de Coahuila que imponía de uno a tres años de prisión «a la mujer que voluntariamente practique su aborto o a la persona que le hiciere abortar con el consentimiento», fue el precedente. La interrupción provocada del embarazo, sigue siendo un tema tabú que incluso hoy en la escena pública ocasiona manifestaciones sociales unas a favor y otras en contra.
Hablar de aborto significa encender debates que al final del día no terminan en acuerdos. Y es que, su legalización o viceversa, se aborda desde personalísimas zonas de confort. Contra su despenalización hablan hombres en su púlpito de falsa moral.
Hablan mujeres incapaces de ponerse en los zapatos de las otras, las que se enfrentan en la vida a esa difícil decisión. Se opina desde el egoísmo, nunca desde la empatía.
Esa imagen general pasa a lo individual cuando se aborda en los entes públicos. Romantizar la concepción y el predominio de la desinformación, inciden en la incapacidad de los representantes de las legislaturas de garantizar el derecho de ellas a disponer sobre su cuerpo.
Las leyes punitivas en ese aspecto, encuentran respaldo en una cultura judeocristiana que abraza el sometimiento de lo femenino, cuestión que sobre pasa todos los estratos sociales. La maternidad en caso de embarazo no deseado, es vista como el castigo al desliz de ejercer la sexualidad a la que las féminas no tienen derecho, desde el punto de vista falocentrista que impera.
Con ese escenario, se opina en masa de un tema que debería concernirle solo a la implicada, a quien se encuentre en esa disyuntiva. Cientos de mujeres mueren al practicarse abortos clandestinos mientras grupos que se dicen a favor de la vida, protagonizan protestas contra los avances para erradicar las penas severas contra ellas. Sobre esa asignatura se vierten ingentes cantidades de demagogia, nunca actos que incidan a paliar los problemas a los que se enfrentan quienes no se sienten preparadas para ser madres.
Castigarlas es una muestra de clasismo en nuestro país, ya que mueren o son encarceladas solo las pobres. En ese sentido, de acuerdo a datos de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (Conavim), de enero a julio de 2021 hubo 432 carpetas de investigación por aborto sin diferenciar entre el espontáneo o provocado. Más de 200 mujeres purgan condenas por la misma causa, con el agravante de homicidio en razón de parentesco.
Se estima que en el territorio mexicano se realizan hasta un millón de ellos cada año en la clandestinidad y en condiciones insalubres, lo que ocasiona un alto índice de mortalidad en mujeres y niñas por esa razón. Antes de la declaratoria de inconstitucionalidad de de la penalización del aborto emitida por al SCJN, en la Ciudad de México, Oaxaca, Veracruz e Hidalgo, se había avanzado en el derecho femenino a la interrupción del embarazo hasta la semana 12 de gestación. 29 estados aún no conservan leyes arcaicas punitivas a pesar del decreto del Poder Judicial
Aunque México avanza en ese rubro, los obstáculos para el acceso al aborto seguro, legal y gratuito, son muchos.
No se toma en cuenta que el acceso a una maternidad deseada es un derecho humano insoslayable a caprichos de grupos que intentan imponer una visión uniforme que no contempla realidades individuales.