Simbolismo radical

 

He leído hasta el cansancio en redes sociales a decenas de mujeres publicar que las chicas radicales que encabezan las protestas feministas, no las representan.

He leído a hombres que señalan en reiteradas ocasiones, que la forma de protestar mostrando los senos es una forma de pedir que “les falten al respeto”.

He sido testigo de amenazas de muerte y expresiones de odio intenso contra mujeres que se pronuncian a favor de legalizar el derecho al aborto.

Todas las expresiones que circulan en redes sociales, sin duda definen el tipo de sociedad que somos y por desgracia, seguimos exhibiendo, que no hemos entendido el mensaje de la protesta que no se radicalizó por generación espontánea, sino que se fue haciendo cada vez más violenta ante la evidencia de que la protesta pacífica no permeaba en el ideario colectivo.

Y la respuesta social, pese a que la abulia y la indiferencia nos trajeron a este punto, es la persistencia casi dolosa de mostrar las fallas, de señalar excesos con la intención intrínseca de desvirtuar el fondo de la protesta.

Y es que, la violencia en las marchas ha escalado en sentido proporcional a la apatía mostrada para resolver los problemas cotidianos de las mujeres.

La indolencia social y de las autoridades terminó con la paciencia de víctimas en los juzgados que jamás vieron respaldo.

Para quienes todavía piden que se encabecen marchas que avancen silenciosas con burka y rosarios en mano, no se han dado cuenta que las mujeres han marchado silenciosas por años, pero han sido invisibles.

 Se hartaron de marchar en paz y su clamor no penetraba la roca social acostumbrada a la injusticia, a voltear a otro lado, ante una realidad cada vez más violenta y sádica contra las niñas,  niños y mujeres.

 Y sí, la lucha es contra la cultura patriarcal heredada por generaciones, pero también contra el Estado omiso.

Los senos al aire, señoras, señores,  no es para provocar  libido, es para gritarles en la cara que el cuerpo es de ellas y ellas deciden frente a quien lo desnudan.

El daño a los edificios es un grito de  impotencia por tolerar reiteradas violaciones a sus derechos humanos en silencio.  Radicalizarse es mostrarle al mundo que las mujeres mexicanas están rotas por dentro porque han encontrado solo abandono y apatía por parte de la sociedad y las autoridades cuando han pedido auxilio. La furia contra todo es contra la injusticia normalizada.

Las mujeres se cansaron de que les digan hasta como protestar. Quieren apropiarse de las calles,  las calles que no les pertenecen regularmente, donde está prohibido caminar de noche sin miedo.

Así que, si eres mujer y en redes sociales de repente estás tentada a condenar a las mujeres que han hecho extrema su protesta, recuerda que si alguna vez eres víctima y no sobrevives, ellas saldrán a las calles a gritar tu nombre para que ni la sociedad ni la autoridad se olviden de ti y archiven tu caso.

Si eres hombre que normaliza la violencia, el acoso sexual y el feminicidio y te molesta que rayen las paredes, aprende a relacionarte con ellas para que no se sientan violentadas en la convivencia cotidiana.

Cámbiate el chip, no es tan difícil. Al final, si generamos cambios desde lo individual, lo único que puede suceder realmente trascendental es la gestación de una convivencia social más sana. Creo que todos queremos lo mismo ¿o no?

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