Sobre la pluma: Alejandro Bonet Ordóñez es coordinador de El camino de México, plataforma política de Marcelo Ebrard en Zacatecas
La doctora Claudia Sheinbaum no se anda con rodeos. Desde que asumió la presidencia, ha repetido hasta el cansancio: el nepotismo electoral es un lastre para la democracia. “Los mexicanos no quieren que los cargos se hereden como si fueran fincas”, dijo en una mañanera reciente, y lo respaldó con una reforma que —aunque entra plena en 2030— Morena ya aplica como regla interna para 2027. El mensaje es claro: nada de esposas, hermanos o hijos saltando directo del sillón familiar a la gubernatura. Pero en San Luis Potosí, Zacatecas, Guerrero y hasta Nuevo León, la realidad pinta distinto. Ahí, el poder parece resistirse a soltar la mano.
Empecemos por San Luis Potosí, donde el gobernador Ricardo Gallardo (PVEM) ya tiene su plan B: su esposa, Ruth González. El coordinador del Verde en el Senado, Manuel Velasco, la destapó sin pena ni gloria: “Si ella quiere, gana”. Ruth es senadora, sí, pero el vínculo es obvio. Gallardo defiende la movida con la llamada “Ley Esposa” —una reforma local que obliga paridad de género en gubernaturas y, casualmente, le abre la puerta a ella. Sheinbaum lo ve como disfraz de nepotismo y ya lo rechazó en público: “No se vale”. Aun así, el PVEM y aliados en Morena empujan. Es como si dijeran: “Paridad sí, pero solo para los míos”.
En Zacatecas, el caso es Saúl Monreal, senador de Morena y hermano del poderoso Ricardo Monreal. Saúl quiere la gubernatura para suceder al actual (que no es familiar, pero el apellido pesa). Él dice: “Nepotismo es dar puestos sin mérito, y yo tengo trayectoria”. Pero Sheinbaum lo cortó seco: “Puede esperar”. Hasta su hermano Ricardo le bajó el dedo: “Ves la tormenta y no te hincas”. Saúl insiste en encuestas internas, pero el veto de la 4T parece firme. Es curioso: el mismo partido que grita transformación ahora lidia con dinastías internas.
Guerrero es más sutil, pero igual huele a continuidad. Félix Salgado Macedonio —padre de la actual gobernadora Evelyn— quedó fuera por la regla anti-nepotismo, pero hay quien dice que su sombra sigue larga. Beatriz Mojica, senadora, levantó la mano y pidió “piso parejo”. Nadie habla de “herederos” directos, pero el PRIAN ya acusa que Morena quiere repetir el esquema familiar disfrazado de lealtad partidista. Sheinbaum insiste: “Cerramos la puerta desde ya”. Veremos si la maquinaria local obedece.
Y luego está Nuevo León, donde el gobernador Samuel García (MC) y su esposa Mariana Rodríguez arman su propio show. Ella ya comparte encuestas donde aparece como favorita para 2027. La llaman “Ley Mariana”: una propuesta que obliga candidaturas femeninas y —¡sorpresa!— la beneficia. Críticos como Luisa Alcalde la tildan de nepotismo puro: “Es disfraz de paridad para que Samuel deje el poder en casa”. Mariana responde señalando nepotismo en Morena (apuntando a Luisa, por cierto). Ironía total: mientras Sheinbaum predica austeridad republicana, en el norte el poder se vuelve familiar y glamoroso.
El problema no es nuevo. México lleva décadas viendo “leyes esposa”, dinastías y apellidos eternos. La diferencia es que ahora hay una presidenta que lo nombra y lo combate. Pero 2027 será prueba de fuego: ¿Morena se disciplina o se fractura? ¿PVEM y MC se salen con la suya? El nepotismo no muere por decreto; necesita voluntad. Y mientras Sheinbaum habla de transformación, algunos prefieren la herencia. Al final, los votantes decidirán si quieren más de lo mismo… o algo distinto. Ojalá elijan bien.