¿La paridad ha asegurado la participación política de las mujeres?

Los próximos comicios son históricos para nuestro país tanto por su magnitud – en estas elecciones se elegirán simultáneamente puestos a cargos federales y locales en treinta y dos estados-, como porque se realizan por primera vez bajo una  modalidad plena de  paridad de género ya que la mitad de las candidaturas son encabezadas por mujeres.

Lo anterior, debido a una de las recomendaciones emitidas por el Comité para la Eliminación de Violencia contra la Mujer de la CEDAW a México en julio de 2018. Este es un avance que sienta las bases jurídicas para definir y regular la violencia política y discriminación contra las mujeres.

La participación plena de las mujeres en el ámbito político no solo es un derecho humano que debe ser garantizado, sino es un requisito indispensable tanto para el adecuado funcionamiento de la democracia como para el crecimiento y desarrollo próspero de nuestras sociedades.

La paridad de género se refiere a una participación y representación equilibrada de mujeres y hombres en los puestos de poder y de toma de decisiones en todas las esferas de la vida (política, económica y social). Se considera actualmente un indicador para medir la calidad democrática de los países.

En 1920 las mujeres en Estados Unidos pudieron votar gracias a las movilizaciones de colectivos feministas; sin embargo en México fue hasta 1953 se  reformó la Ley para permitirles el voto que fue posible hasta 1955. Lo anterior, nos muestra como el machismo siempre ha permeado la cultura política de nuestro país.

La paridad de género no garantiza la participación  política de las mujeres, solo garantiza la igualdad de forma numérica.

Los partidos y los actores políticos, piensan que las mujeres no tienen la capacidad para gobernar; que son muy sensibles para operar políticamente.  Al ceder espacios para ellas por la paridad de género, son  acusadas de no obtener las candidaturas por méritos propios. Mientras sigan siendo los mismos quienes toman decisiones, las respuestas seguirán siendo las mismas y difícilmente  encontraremos resultados diferentes.

Si bien la paridad de género sirve para equilibrar la representación política entre las mujeres y hombres en México, no cabe duda que, como mecanismo de vía rápida que pretende acelerar cambios sociales, no tiene la capacidad de modificar las conductas sexistas, por lo cual no asegura una plena igualdad entre los géneros.

La respuesta, a largo plazo, podría encontrarse en política públicas integrales que fomenten el cambio en la educación, con el fin de lograr la igualdad en otros ámbitos y con ello cambiar posturas. No obstante, se ha optado por la vía rápida para reducir el tiempo, pero debemos ser conscientes que los cambios culturales  no se producen de la noche a la mañana. 

Las mujeres somos mayoría, somos el 51.2 por ciento del padrón electoral y la mitad de la población mundial. Es hora de dejar de pensar como minoría e incidir de manera proactiva en la agenda política del nuestro país.

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