El clasismo, ese mal arraigado en México, cuya erradicación conjuró Andrés Manuel López Obrador en su grito conmemorativo de la Independencia, es hoy un ingrediente fundamental en la muerte de Jorge Iván Ávila Correa. También lo es la impunidad y la sensación de omnipotencia de los juniors del poder político y económico.
Tras una brutal golpiza que consta en videos difundidos profusamente desde el 2 de julio -que pese a los intentos no pudieron borrar- el joven preparatoriano de 19 años perdió una batalla originada, según fuentes cercanas, porque quiso meter paz en una gresca.
Es del dominio popular que en el hecho que tuvo un fatal desenlace hace 8 días, están involucrados jóvenes ligados a la cúpula. Prole del poder, que usó además sus influencias para garantizar la obediencia de policías estatales, como lo mencionó el testigo entrevistado por medios de comunicación, previo a la manifestación del martes.
La persona que dió detalles -que por motivos de seguridad no dio su nombre- señaló que llegó en auxilio de su amigo al bar Caviar Izquierda de la García Salinas, en Guadalupe la madrugada del 2 de julio, para encontrarlo muy golpeado. Después de subirlo a su vehículo y con la furia encima, su primera reacción fue perseguir a los presuntos responsables que pasaban en una camioneta, sin embargo, lo impidieron los señores pagados para hacer el orden y lo bajaron de su carro a punta de fusil
Intentaron llevarse a Jorge Iván pero el grupo de amigos que lo acompañaba lo evitó. Contó que tuvo miedo de que desaparecieran a su amigo. Desistieron al notar que había muchos testigos y solo le recomendaron llevarlo al hospital.
Hasta aquí, cabría preguntarnos ¿Qué están haciendo las fuerzas de seguridad locales, mientras la violencia azota al estado? Adolfo Marín tiene que explicar por qué comisiona a servidores públicos pagados del erario a cumplir funciones de pilmama de los hijos de la aristocracia zacatecana que mama de nuestros impuestos.
Ese hecho se hubiera echado a la basura de la memoria si no fuera porque el viernes pasado, Jorge ya no resistió las secuelas de la desigual golpiza y falleció. Con enojo, se constata que el conglomerado institucional parece ir en contra de quienes por azares de la vida, se topan en el camino de los miembros de la élite. El temor de que se le diera carpetazo al caso, no es casual. El Fiscal General de Justicia del Estado, Francisco Murillo Ruiseco, no había dado respuestas a pesar que ya habían pasado tres meses del incidente.
Un sospechoso tortuguismo, que no se ve cuando desde arriba le piden favores, motivó la marcha que jóvenes preparatorianos en su mayoría, encabezaron el martes. Luego de semanas de silencio, presionado por la opinión pública, ese organismo emitió un comunicado para indicar que existen tres carpetas de investigación.
El Fiscal que encabeza la institución que se presume autónoma, está bajo la lupa social. La gente le exige justicia, no pretextos, no chivos expiatorios. Por ahora está imposibilitado para sacar una explicación inverosímil de la chistera, porque hay videos que se han hecho virales de los presuntos responsables.
Están sus nombres y domicilios en la denuncia interpuesta posterior al incidente. Con un contexto de desesperación en el que los asesinatos de personas engorda una estadística de horror, no debe haber impunidad. Jorge Iván sufrió una lenta agonía en la que sumó periodos en coma y procedimientos que impactaron en su salud emocional como la traqueotomía. Zacatecas no pude permitirse olvidar que un grupo de muchachos que se asumen con la vida resuelta, cortaron sus sueños, al mostrarse como una jauría salvaje que asumió que sin importar lo que hiciera, nadie tocaría sus cabezas. ¡Justicia para Jorge Iván Ávila Correa!