El término “Fakeminismo” fue creado en Twitter ante la coyuntura actual aplicable a personajes que de la noche a la mañana y por simple conveniencia política, se pusieron la camiseta morada del feminismo. El término, desde mi punto de vista, no es exclusivo de ningún partido político, porque entiendo que al final, salvo contadas excepciones no hay una real penetración del discurso feminista en la partidocracia mexicana. La realidad es que, por conveniencia y simple rapiña preelectoral, personajes de todos los partidos políticos quieren colgarse de la causa cuando no es cierto que se identifican con ella. Es decir, la mayoría de nuestros políticos, carecen de empatía ante la realidad cotidiana en México de feminicidios, violaciones, acoso sexual y desapariciones, cuyas víctimas principales son las mujeres.
Empatía
A propósito ¿Sabrán lo que significa empatía? Por las dudas, definamos. La palabra empatía en su acepción más simple de acuerdo a la RAE, es el sentimiento de identificación con algo o con alguien. Es, no solo la capacidad de filiación con las realidades ajenas, es además, compartir sus sentimientos. En terrenos de la sabiduría popular, es ponerse en los zapatos de los otros ante cualquier circunstancia de la vida. Definida así, la empatía es muy poco usada en la actualidad en la que el individualismo domina la manera en la que nos relacionamos con los demás. No obstante, en los últimos días y a raíz de la convocatoria surgida en Veracruz por un grupo feminista -cuya propuesta original de hacer un paro de actividades el día después del 8 de marzo, nació en Chile-, resulta imposible asimilar la empatía fast-track a favor de la lucha de las mujeres que les surgió a personajes con un historial ajeno a ella. Leer en los muros de Facebook comentarios de políticos con histórica y evidente carencia de empatía real, sumarse al paro nacional no tiene desperdicio. Lo que más asombra es que muchos de los que ahora se regodean con la causa feminista han promovido desde sus zonas de confort, iniciativas de ley contra una de las columnas vertebrales de la lucha feminista; la despenalización del aborto. No sólo eso, los que están en el poder o los que en su momento tuvieron la oportunidad de sentar las bases para que el país no trasmutara a lo que es hoy, no lo hicieron. Resulta casi vomitivo darse cuenta de la capacidad camaleónica de los políticos para mimetizarse con temas que poco les importan.
Narcisismo
Y en esa marea de simulación pro dividendos políticos, los protagonismos abundan. Tenemos por ejemplo a Andrés Manuel, cuyo narcisismo no lo deja ver la realidad más allá de sus narices y en lugar de enfrentar el problema, lo reduce a manipulación preelectoral. Respaldado por un séquito de lambiscones, el Peje, decidió que la pugna feminista de “Un día sin mujeres”, es una argucia de la derecha neoliberal que perdió privilegios-según él-. Sin duda, el Cabecita de Cebolla piensa que como es el Rey Sol, todo gira obligatoriamente a su alrededor. Como ahora es gobierno y debido a su incapacidad para combatir con su arsenal retórico la impunidad, que no nació con él pero sigue imperante en el país, se siente aludido sin notar que más allá de su incipiente gestión, la protesta originada por el feminicidio, la violación, el acoso, permitidos culturalmente y hasta institucionalizados cobraron fuerza a raíz de los homicidios en Ciudad Juárez desde 1993. Además, oh sorpresa, en su mayoría los casos de muertas y desaparecidas acumulados hasta nuestros días siguen sin resolverse. Ante este panorama y esa tendencia aberrante, no es para menos el enojo. Tampoco se espera empatía del Presidente, es al final de cuentas un simple político visceral, que le falta lectura sobre el tema para estar a la altura de la realidad mexicana en la que el feminicidio es cotidiano hasta la rabia.
Protagonismo
Por otra parte, tenemos a nivel nacional a la oposición. Ese grupo político igual que el que está en el poder, solo lucha a favor de las posiciones que perdió, pero que le urgen recuperar. Marko Cortés, Alejandro Moreno, etc., son el vivo retrato del oportunismo tan reciclado en épocas previas a las elecciones en el país. Los líderes nacionales son replicados fidedignamente por la gran mayoría de sus representantes en las curules y en las dirigencias estatales. Dos casos emblemáticos de la simulación y el oportunismo, son Noemí Luna y Susana Rodríguez. Una dirigente Estatal del PAN y la otra Diputada local.
Noemí Luna y el PAN.- En Zacatecas, Santa Noemí Luna del Verbo Encarnado, defensora de “la vida desde su concepción”- entienda por eso al segundo inmediato post coito-, hace como una semana se declaró feminista de hueso colorado, aunque sabemos que su emblema es el yunque. Y no le miento cuando hago referencia a ese signo del panismo recalcitrante cuyo propósito de acuerdo a la Wiki, «es defender la religión católica y luchar contra las fuerzas de Satanás», e instaurar «el reino de Dios en la tierra», amén. Ah, pero convenientemente, la mujer blanquiazul de días para acá, transpira feminismo. Sin duda, los nuevos tiempos dejaron al panismo acostumbrado a la mediocridad y a la carencia de ideas para volver a convencer a la gente de que son los buenos. Pena ajena.
“Susy” Rodríguez.- En el mismo tenor, Susana Rodríguez quien representa al partido Verde que simula ser ecologista, también se unió a la causa feminista, pretendiendo opacar que en realidad es la estrella principal en las misas del Señor Obispo. De repente y en sus redes sociales sin decir, “agua va”, también declaró su feminismo o mejor dicho su Fakeminismo. Esos dos personajes que menciono, llaman especialmente mi atención, por su activismo a favor de cancelar el derecho de las mujeres a mandar en sus úteros desde sus espacios de poder porque no han entendido que la vida pública no admite exteriorizar creencias religiosas cuando éstas contribuyen a coartar derechos desde sus lugares de privilegio. En fin, que Diosa las perdone
Así las cosas, yo por mi parte no le creo a nadie.