En el actual contexto de recesión económica derivada de la emergencia sanitaria por el coronavirus, el reconocido economista marxista Francois Chesnais señala en el análisis La economía mundial al principio de la gran recesión Covid-19, que la crisis del 2008 no terminó en junio de 2009, para los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). La crisis que deriva de la Pandemia del Coronavirus es una extensión de la burbuja del 2008.
Con la globalización y el neoliberalismo como modelo económico y político predominante en todo el planeta, fueron excluidas a las organizaciones y personas que no resultan ser “eficientes” y “competitivas”. Como resultado: desempleo, pobreza extrema y desigualdad social, pese a los nuevos desarrollos tecnológicos que han incrementado la productividad a nivel global. Además, la globalización ha ocasionado una reorganización de las economías nacionales y la internacionalización de los mercados internos culminando en la etapa del aprovechamiento del capital.
La ESS es un conjunto de iniciativas socioeconómicas y culturales que se buscan un cambio de paradigma, basado en el trabajo colaborativo de las personas y la propiedad colectiva de los bienes y servicios. Busca generar relaciones de solidaridad, espíritu comunitario y participación en la sociedad fortaleciendo procesos de integración productiva, de consumo, distribución y, ahorro y préstamo para satisfacer las necesidades de sus integrantes y comunidades donde se desarrollan.
En la ESS destaca la participación colectiva, la cooperación, la autogestión, democracia, autosuficiencia, la promoción del desarrollo humano, la equidad de género, la conservación del medio ambiente y la sostenibilidad, con una visión integral de Derechos Humanos que implica una economía al servicio de las personas.
Las experiencias de economía social han sido más visibles y han crecido notablemente como respuesta a la crisis, pero también dan cuenta de otras formas de organización del trabajo y la producción, de otra “economía” que critica a la economía capitalista dominante, ofreciendo una respuesta a la encrucijada que plantea a los sectores sociales más vulnerables.
Por tanto, la Economía Social y Solidaria (ESS) nace como una respuesta a la pobreza – el instinto humano de sobrevivencia está presente- y como un sistema económico alternativo donde no prime la ganancia sobre la dignidad de las personas, buscando mecanismo y estrategias para tener una vida más digna y justa.
Los retos que actualmente enfrentamos en nuestro país no pueden ser resueltos solo por los gobiernos estatales y Federal, por ello, es pertinente el sumarse a los esfuerzos del proceso de diálogo social en tanto que es una iniciativa plural, diversa e incluyente y no partidista, con el fin de buscar consensos que permitan trabajar en la superación de estos retos nacionales.
Las organizaciones de la ESS son entidades privadas, organizadas formalmente, con autonomía de decisión y libertad de adhesión, con distribución de beneficios no vinculados al capital aportado y con organización democrática (cooperativas, mutualidades y asociaciones). Dando así carta de naturaleza legal a la existencia de empresas no capitalistas.
Es fundamental considerar que las empresas y emprendimientos con una lógica de economía social y solidaria tienen la responsabilidad social de ser rentables y económicamente sostenibles. Los beneficios de esta economía deben verse reflejados en los territorios.
Pretende construir un paradigma económico alternativo sobre la economía que parte de la crítica del paradigma convencional, y que propone un enfoque con bases epistemológicas y ontológicas diferentes. La economía solidaria es una propuesta política de transformación social hacia un modelo socio-económico alternativo basado en formas de sociabilidad no capitalista.
Desde su nacimiento la ESS en las primeras décadas del siglo XIX siempre ha sido una respuesta a las desigualdades y condiciones de precarización de la clase trabajadora. En el actual contexto de nuestro país, donde priman la violencia, la inseguridad, la pobreza, la desigualdad social el desempleo y precarización laboral, esta forma organizativa puede ofrecer empleos e ingresos dignos para las personas. Lo que tendría un impacto considerable para disminuir los índices de violencia e inseguridad.