¿Quién puede sustituirme? Esa fue la flecha envenenada que el 5 de julio de 2021, lanzó Andrés Manuel López Obrador en su conferencia matutina.
En su lista, en privilegiado primer lugar, apareció- como era de esperarse- Claudia Sheinbaum, seguida por Marcelo Ebrard, Juan Ramón de la Fuente y tres nombres más.
Seis prospectos en la boca del Peje y ninguno era Ricardo Monreal, quien rápido se inmoló al convertirse en afectado por la omisión o «desmemoria» presidencial.
De ahí a la fecha, entró en un enfrentamiento no abierto que ha intentado jugar de manera discreta, como quien tira la piedra y esconde la mano.
Un día ataca por varías vías al partido del López, lo mismo que a sus cercanos, al siguiente postea en redes sociales sentidos discursos con los que intenta fumar la pipa de la paz, ante la mirada atónita del público.
Mientras el de Puebla del Palmar atiza fuegos y luego intenta apagarlos, el Presidente, parece divertido. Sabe que él lleva todas las de perder si decide enfrentarlo abiertamente. También sabe que no lo hará, porque como señala el refrán popular, no hay loco que trague lumbre.
Empero, a poco menos de dos años de que arranque abiertamente la sucesión presidencial, Monreal empieza a desgastarse. En su propio terreno es derrotado por no aprender a dominar sus ansias.
¿Su error? Dejarse dominar por la soberbia al no admitir que los tiempos han cambiado y que él ha cambiado ante los ojos de los votantes
Ya no es el joven que volcó a un estado a favorecerlo con su voto en 1998, cuando saltó del PRI al PRD, ni puede comparar a un pequeño estado como Zacatecas con el monstruo que es el país. Irónicamente en ese salto contaba con el respaldo de López Obrador, hoy para la Presidencia no.
Incluso, el escenario del líder de la Jucopo no es el que enfrentó en 2018 cuando a través de un berrinche porque no fue seleccionado como candidato a la Jefatura de Gobierno del DF, logró amarrar la curul que ostenta ahora.
En aquel entonces a López no le convenía una ruptura como preámbulo a su candidatura presidencial, por eso cedió a las presiones. De cara al próximo proceso electoral, AMLO parece menos dispuesto a dejarse chantajear por eso cada día es más claro su desdén contra quien ya no es su invitado a desayunar.
El nuevo frente que se abrió entre el zacatecano y el macuspano, ocurrió el pasado 22 de diciembre, cuando en Veracruz, José Manuel del Río Virgen, colaborador de Monreal Ávila en el Senado, fue detenido acusado de la autoría intelectual del homicidio de René Tovar.
Después del hecho, Ricardo Monreal afirmó – como consta en la edición virtual de El Financiero del 22 de diciembre- que en la entidad gobernada por Cuitláhuac García Jiménez, se vivía «un clima de terror y persecución».
El espaldarazo de quien habita en Palacio Nacional, del 23 de diciembre al gobernador de Veracruz, señalando que era “incapaz de cometer una injusticia”-como consta en la versión virtual del Universal de ese día-, dejó clara su postura ante el hecho.
Para confirmar que sus palabras no fueron un resbalón, refrendó lo dicho a favor del veracruzano el pasado 7 de enero al señalar que no ve que el gobernador de ese estado esté actuando “de manera ilegal o injusta”- según nota de Milenio-, a pesar de la ya conocida cruzada del legislador en pro de Del Río Virgen.
A pesar que enfrenta a quien tiene más del 60 por ciento de la aprobación nacional, Monreal Ávila, sigue halando la cuerda, sin temor a romperla porque intenta sacar beneficios, de eso no hay duda.
Seguramente, entiende que sin el apoyo de AMLO, su sueño de ser Presidente, se desbarrancará y lo más sensato es tirarle a algo menos ambicioso.
En el estira y afloja en el que López tiene la fuerza, puede lograr quizá la jefatura de gobierno, pero si no cede, la cuerda se puede romper ¿No cree?