Por Gabriel Rodríguez Piña
Un fantasma recorre mi pueblo, nadie lo ha visto pero todo mundo le teme. Ha causado cuantiosos daños económicos y un fallecido al momento, pero sólo una baja cifra de contagiados; infectados les conciben en lengua coloquial, ajenos les llamarán terceros. Tiznados se les diría en tiempos inquisitoriales.
Es tan omniabarcante y temible su efecto que la gente prefiere, en muchos casos, tomárselo a broma, una pesadilla de la que pronto querría despertar, aun cuando los especialistas indican que su efecto se extendería hasta octubre de 2021, poscúspide electoral lopezobradorista, (¿valdrá la pena que concursen los otros?) si bien nos va…
Y mi ciudad, una muy hecha a sus modos y maneras, específicamente aquellas que tienen que ver con su ancestral pereza, su creciente pobreza, fruto, detallan académicos, de los marasmos que la Toma le heredó hace más de 100 años y que nos coloca en los linderos de la liviandad en lo privado, la castidad en lo público y la hipocresía en lo genital-digital. La tolerancia de la ignorancia tan internacional como nuestros miedos, carencias y debilidades por esperar a que otros trabajen por nosotros y nos regalen todo.
Zacatecas, digámoslo en términos sencillos, no tiene la capacidad suficiente como para afrontar una crisis económica como con la que este parásito, no del PRI ni del PAN ni de Morena, sino sólo biológico, planea sentar sus reales en nuestras plazas por al menos 18 meses más.
Lapso que, por cierto, nadie en sus sensatos cabales resistiría, habida cuenta de que aquí lo incipiente comercial se torna abrupto de inmediato, pues la mayoría de los negocios privados quiebran luego de diseñarse modelos de castración capitalista en los que se pagan salarios de miseria a los trabajadores.
Mientras de esto se habla, las voces en red multiplican sus acechanzas, pues este virus endino no sabe con quién se ha venido a meter, en un lugar como éste en donde millones han convivido desde la Conquista con epidemias, pobrezas u océanos plagados de hambres disentéricas en expansión geométrica.
O, como su líder máximo lo diría en palabras coloquiales al extender la mano para saludar a la madre de 92 abriles de otro innombrable: Leí tu carta y un cierto aroma a céspedes y pinares rondan las memorias frescas de aquellos hombres y mujeres que, por miles, han sido víctimas de delincuentes sin recibir más allá de la muerte respuesta a sus cuerpos violentados.
Nuestra raza es resistente, nada la detendrá. Confía el mandatario en su intento por exorcizar al enorme monstruo que apenas mide cientos de millones de veces menos que otros, un micromininanómetro potencialmente destructor, diseñado posiblemente en el laboratorio de prácticas biológicas de Wuhan o en el gringo próximo. Todo es dinero.
La alarma cunde mientras gobierno acondiciona un hospital para encauzarlo a los contagiados del virus coronario, a la par que un alcalde, el mismo de la joya de la corona, plañe cual magdalena porque el incremento acuoso de recién cuño se le viene abajo y le suena crudo en aquella parte de su mente cargada de culpas cuando el recurso escasea en muchas de las colonias de la periferia. No vaya a ser que no resulte elegido para el 2022 y los cafés en punta se le agrien en el intento.
A la par que el otro del lupanar quiere que los andariegos se mochen con tres kilos cada uno si los apañan chupando o de plano pendejeando en la calle.
Pero el hospital, que se sepa, no ha acogido al momento a ni un solo de los enfermos del virus coronel, porque –a saber- ellos han sido enviados directito a sus casas, los sentenciados, recamados de paracetamoles pero no ibuprofenos para no multiplicar el castigo, ahora que se sabe que el virillo ese méndigo podría multiplicar la nocividad con su ingesta.
De eso no se habla, o como el cura de mi parroquia, que días antes de que estalle la crisis prefiere convocar a los colonos a tomar parte en los bautizos que le garanticen el recambio de su auto por un modelo 2021 a la par que un papa reza solo en San Marcos porque, dice Mhoni la adivina: “este año el diablo le ha ganado la partida a Dios y le quitó a su pueblo en el Vaticano mismo, hurtándole además la Semana Santa”. ¡Madre divina!
Una muy zacatecana: vivir apanicados en tiempos de la coronaria, rezar 15 mil ave marías y pedirle al cielo que se mueran las abortistas, por cuya culpa el cielo ha dejado caer furia inclemente sobre nuestras cabezas.
¡Ahí viene el enemigo gimen las parturientas, quieren acabar con nuestros ancianos, reducir la población a menos de cinco por ciento; ellos los iluminatti, los arcones que habitan entre Marte y Júpiter, castas de reptilianos que anhelan desaparecer a la humanidad! ¡Jesús, María y José!
Sepan señores que ya tienen la vacuna lista por poderosa empresa farmacéutica dueña de billones, mientras los Soros, Rotschild y Rockefellers, o sea, las castas de verdadero poder económico en el mundo se frotan las manos pensando en las acumulaciones que tal negocio va a representar en meses venideros.
Ellos, se divierten mientras experimentan con millones en el mundo, reservados en sus casas zurrados de miedo con kilos de papel de baño para soportar el flujo no escatológicamente nasal.
Y, para no acabarla de amolar, aquí las clases de todos los niveles han quedado interrumpidas, sitio en el que, de por sí, los colegialos no estudian, no leen, no se preparan, no reúnen los recursos suficientes-mínimo-elementales para realizar una simple descripción de sí mismos: no saben escribir, no saben leer, no sabemos pensar. ¿Ahora entendemos?
Las consecuencias, a la vista de todos. Es claro que el PRI pierde el poder, es claro que todos los demás caen a la lona. Ya López Obrador tiene diseñado el camino para Zacatecas: el triunfo de su partido y la desaparición de su subdesarrollada y codependiente vida comercial por otra de castidad nugatoria de fifís y conservadores, que terminaría por arrebatarle la plaza a los católicos por empresas más limpias, higiénicamente hablando, como las evangélicas.
El virus ha matado el escaso desarrollo de mi pueblo, sus abortadas y lentas reacciones son las de un destinado a morir porque no le queda de otra. Porque no desea de otra. Mi pueblo, que no es el mismo del 14, se ha dejado vencer antes de comenzar a luchar.
El estado se apaga de manera lenta, paulatina, nadie quiere salvarlo y nuestra reacción hipócrita a las morismas, el asado y las gordas pasarán a ser reductos de en las cursis bocas de turistas: “!Ay, qué bonito es tu Zacatecas!”…
Nuestros traumas familiares y personales crecerán luego de la encierra involuntaria, Zacatecas no se lo merece. Lo pasará con violencia, pero lo pasará. A la calle miles.
A Zacatecas lo hemos matado todos, y por adelantado, nuestras mediocridades conjuntas. Puede ser que el virucho ese ni siquiera nos lastime.
Solamente nuestras actitudes, nuestras transas, nuestros dejar haceres, nuestras deudas públicas, la ignorancia y la dejadez, la pendejada como lema y la falta de civilidad y sensatez.
Digo, ya no culpemos al virus por todo lo demás….