Sobre la pluma: Alekandro Bonet Ordóñez es coordinador de El camino de México, plataforma política de Marcelo Ebrard en Zacatecas
En Guadalupe y en la capital de Zacatecas, esta semana el miedo no fue abstracto: fue concreto, como el eco de sirenas en el bulevar Bicentenario o el pánico en colonias como Estrella de Oro. Tras la caída de “El Mencho”, el 22 de febrero en Jalisco —con Trump pavoneándose como si hubiera apretado el gatillo—, el CJNG desató su rabia en 20 estados.
En Zacatecas, el sur ardía: bloqueos en Juchipila, Tlaltenango, Jalpa, Momax, Tabasco y Villanueva; camiones de quinta rueda incinerados en Santa Rosa (Moyahua); ataques a sucursales del Banco del Bienestar y Oxxo; autos quemados en cruceros como Momax–Temastián. En la capital, sujetos armados intentaron incendiar un sedán en el tránsito pesado: tres detenidos, dos de ellos menores de 15 y 16 años.
Guadalupe sintió el contagio: patrullajes intensos, avenidas cargadas de tensión, familias evitando salir después de las seis por miedo a que el próximo bloqueo o balacera toque a la puerta. No hubo caos masivo en la zona metropolitana, pero sí terror: carreteras federales 23 y 54 paralizadas en zonas cercanas y el recordatorio de que el CJNG opera en los límites, reclutando y extorsionando sin piedad.
¿Y de dónde salen las herramientas para este terror? No de talleres zacatecanos. El 80 % de las armas decomisadas en México son gringas, repite Omar García Harfuch: AR-15, Barrett .50, ametralladoras de uso exclusivo militar, lanzagranadas que cruzan la frontera como si nada. Se intercepta apenas el 3 % del flujo. Cientos de miles al año, valuadas en millones, terminan en sicarios que cobran piso en colonias de Guadalupe o extorsionan negocios en la capital.
La presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo sin anestesia, en mañaneras y en su gira por Sinaloa: “Si ellos no quieren que pasen drogas de México a Estados Unidos, también ellos tienen que hacer su parte para que dejen de entrar armas de Estados Unidos a México”. “Nosotros paramos el fentanilo que mata a sus ciudadanos; que ellos disminuyan las armas que matan a los nuestros”. Es un reclamo de reciprocidad elemental, pero Washington responde con palmadas en la espalda por el operativo y… silencio sobre el arsenal que inunda el sur.
Donald Trump se adjudica el crédito, presume cooperación “la más fuerte de la historia”, pero relaja regulaciones de armas en su territorio mientras exige que México limpie el desmadre que su mercado alimenta.
Desde aquí, en el corazón de Zacatecas, lo vivimos crudo: armas del norte que llegan por Laredo o Nogales terminan en halcones del CJNG que operan en los límites con Jalisco, en extorsiones que asfixian comercios locales, en reclutamientos forzados de chavos que podrían estar estudiando en vez de cargando plomo. Sheinbaum defiende la soberanía —“principios que no se negocian”— y tiene razón. Pero ¿de qué sirve el discurso si el grifo sigue abierto?
El Mundial 2026 obliga a “limpiar la imagen” rápido: Guadalajara y Monterrey cerca, turistas esperando. Sin embargo, mientras EUA no cierre esa llave de hierro, seguiremos contando incidentes, detenciones de menores con gasolina en la mano y familias con el corazón en la garganta.
¿Cooperación real o puro show? En Guadalupe y Zacatecas capital no queremos más mañaneras con reclamos bonitos. Queremos hechos: que paren las balas del norte antes de que nos toque la próxima ola. Porque mientras el trueque siga —drogas al norte, armas al sur—, el que paga la cuenta somos nosotros. Y ya estamos hartos de cobrarla en plomo.