Sobre la pluma: Antonio Valentín Argüelles Rivera es un abogado especialista en Sistema Acusatorio Adversarial y ex candidato a magistrado de circuito en Zacatecas
Estimado lector: no es ajeno que en la capital de nuestro querido Zacatecas actualmente se respira una inconformidad creciente en diversos sectores sociales. Un día se toman las carreteras y accesos vehiculares; al siguiente, se paralizan las labores en Ciudad Administrativa. Todo se detiene, todo se desquicia en el sentido literal de la palabra, como acción que evidencia la falta de capacidad de la administración estatal, incapaz de ofrecer soluciones reales y tangibles. Solo discurso mareador.
Es más que evidente la incapacidad de la estructura gubernamental. Es sabido que muchos de los perfiles designados no son idóneos para las carteras que ocupan. Ello se refleja en los constantes enroques y cambios entre secretarías, que generan conflictos, parálisis administrativa y ausencia de servicio. La “solución” del Ejecutivo ha sido rotar titulares de una dependencia a otra, trasladando los problemas en lugar de resolverlos. Así, de manera reiterada en estos poco más de cuatro años, lo evidente está a la vista de todos: protestas, tomas de vías de comunicación e instalaciones de gobierno, ya sea del magisterio, agricultores, estudiantes, padres de familia o colectivos sociales.
Pareciera que quien debe llevar las riendas administrativas del gobierno del estado —y que fue electo para encontrar soluciones durante seis años— ya claudicó. O quizá, habría que preguntarse, ¿lo hizo desde el inicio de la administración? Los problemas se agolpan, la insatisfacción y el malestar no son de ayer: son de años.
La ausencia de políticas públicas estructuradas es clara. Ejemplos sobran: la contención del gusano barrenador, el abastecimiento de medicamentos del cuadro básico, las jornadas de vacunación, el seguimiento de trámites de exportación fitozoosanitaria, las campañas antirrábicas, la conservación de caminos, las estancias infantiles. Todo ello desapareció bajo el argumento de que eran programas “neoliberales”. Pero caray, una cosa es modificar, ajustar y mejorar lo que ya funcionaba —aunque con deficiencias— y otra muy distinta es eliminar protocolos y estándares. Es como usar el machete en lugar del bisturí. La retórica ya no alcanza para solucionar los problemas.
Cada año fiscal se habla de millones y millones en el presupuesto estatal. Sin embargo, una cosa son las cifras económicas y otra muy distinta las obras, la infraestructura y las soluciones tangibles en beneficio de la población. La obra social se reduce año con año.
La población está dolida e indignada. Zacatecas, que fue referencia nacional en diversos rubros, hoy es sinónimo de atraso, abandono institucional, inseguridad y pobreza. Los estados vecinos incluso alertan a sus ciudadanos para que no visiten ni transiten por Zacatecas debido a la violencia.
Por ello es urgente escuchar, ver y tener la sensibilidad de reconocer que las cosas no van por buen rumbo. Se requiere un golpe de timón, dejando de lado la politiquería que tanto daño hace a nuestro estado. Ya empiezan a aparecer lonas con mensajes subliminalmente políticos, aunque las próximas elecciones serán hasta 2027. La gente recuerda la frase “amor con amor se paga”, pero los ciudadanos no somos cabezas de ganado que pueden ser manejadas al gusto de quien se asume caporal. Hoy los votantes despiertan, se dan cuenta de la realidad en que viven, de las promesas incumplidas y de la ausencia de mejora en la calidad de vida. Y entonces castigarán con el voto en contra. Porque ese es nuestro poder: votar en contra de quien no cumple, de quien gobierna como reyezuelo.