En ese sentido, seamos realistas, este no es un problema en el que se pueda tomar partido fácilmente, máxime sabiendo que la empresa minera se ha caracterizado por la rapacidad. A Peñasquito, como a la mayoría de las empresas, solo le interesa la ganancia aunque eso conlleve a pasar por encima de los derechos humanos de los habitantes de las tierras ricas en minerales y aunque eso resulte en la depredación y contaminación ambiental.
El problema es, que, este conflicto que ya parece un juego de soga o de “tira y afloja”, el resultado es que los verdaderos perjudicados son las familias de ambos bandos, tanto los pobladores de las comunidades aledañas a la empresa minera, como las familias que dependen de los empleos que genera dicho consorcio de origen canadiense.