Sobre la pluma: Norma Galarza Flores es economista por la UAZ y columnista de La Cueva del Lobo desde 2014
«La democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo».
Barón de Montesquieu
➡️Sospechoso
➡️La falsa austeridad del Poder Legislativo que prometió la 4T
➡️Cambia el método
Sospechoso
El 31 de mayo es la fecha límite para que el Congreso de la Unión apruebe cambios en la legislación vigente en materia político-electoral, para que puedan ser aplicables en la elección del año que entra. Si bien la reforma electoral que plantea Claudia Sheinbaum Pardo, no es la panacea —y ahorita le explico la razón—, tres son sus rubros principales: reducir en un 25 por ciento el costo del sistema electoral, modificar la forma en la que se asignan 200 escaños —los famosos plurinominales— y la eliminación —ahí sí— de 32 escaños en el Senado. Los demás rubros de la propuesta de la presidenta con A son menudencias; lo trascendente son los tres primeros, en los que se centrará el debate cuando llegue la iniciativa al Poder Legislativo.
De inicio, hablemos de la reducción del 25 por ciento al costo del sistema electoral, que se centra principalmente en los organismos que organizan y vigilan las elecciones. Desde ahí, resulta sospechoso porque, si algo nos ha enseñado el régimen, es que cuando habla de austeridad como bandera de convencimiento, siempre hay trampa. No es casualidad el temor: la experiencia nos ha enseñado que la 4T suele aplicar la máxima de que se haga la voluntad del señor en los bueyes del compadre.
El objetivo es disminuir en un 25 por ciento el presupuesto del INE, el ingreso de sus consejeros y aplicar el mismo tijerazo a los OPL. Asimismo, pretende bajarles el presupuesto a los tribunales electorales. La premisa provoca dudas ya que, en la última elección —la del Poder Judicial—, aprendimos que pauperizar al árbitro electoral solo trae elecciones a modo. ¿Esa es la intención general? Es la pregunta.
La farsa auteridad del Poder legislativo que prometió la 4T
Propone también una reducción del financiamiento a partidos políticos y bajar el gasto del Poder Legislativo, así como bajar el número de regidurías. Pero si hablamos de la reducción presupuestal legislativa, es una promesa que la 4T se pasó por el arco del triunfo. No sé si recuerde que uno de los compromisos de Andrés Manuel López Obrador fue reducir su costo. Todo fue una vulgar falacia.
Basta con analizar los presupuestos de egresos de ese poder en los últimos años. En el presupuesto de despedida de Enrique Peña Nieto se destinaron a la Cámara de Diputados, el Senado y la Auditoría Superior de la Federación (ASF) 15 mil 574 millones 572 mil 274 pesos. El recurso se asignó de la siguiente forma: 4 mil 905 millones 020 mil 157 pesos a la Cámara Alta; a los diputados, 8 mil 439 millones 435 mil 153 pesos; y a la ASF, 2 mil 230 millones 116 mil 964 pesos.
Los primeros dos años de AMLO, con todas las buenas intenciones del mundo, se redujo el presupuesto del Legislativo a poco más de 13 mil millones de pesos. En 2019 y 2020, diputados y senadores bajaron sus presupuestos en mil millones de pesos, mientras que el dinero destinado a la ASF se mantuvo constante en más de 2 mil millones. Pero llegó 2021 y se cansaron de fingir austeridad: empezaron a subir su presupuesto.
Ya en el presupuesto de egresos de 2026 se quitaron las máscaras al asignar para el Poder Legislativo 17 mil 529 millones 076 mil 499 pesos. Los más favorecidos fueron los diputados, que gastan este año 9 mil 602 millones 671 mil 330 pesos. Los senadores, 5 mil 103 millones 817 mil 038 pesos, y la ASF siguió con un presupuesto superior a los 2 mil millones.
Cambia el método de asignación de pluris y desaparecen 32 escaños del Senado
Ahora, la cereza del pastel: la promesa más cacareada que dio vértebra a todo el andamiaje discursivo que empezó la 4T con la reforma electoral que ya traía entre manos Andrés Manuel López Hablador: desaparecer los plurinominales.
Al final, Claudia Sheinbaum no quiso entrar en berenjenales y le dio una salida: dejar las 500 curules, solo cambiar el método de asignación de los espacios. Desde mi perspectiva, lo ideal era quitar una cantidad proporcional de espacios de Mayoría Relativa (MR) y de Representación Proporcional (RP), pero dejar la misma fórmula de asignación. Coincidirá conmigo en que tener 500 diputados cuyas mayorías terminan como apéndices del Ejecutivo es inútil y muy costoso.
La doctora —presunta autora de la iniciativa— no se animó. Deja intocados los 500 escaños, solo cambia el método de asignación de los espacios. Dizque para “democratizar” la asignación de las candidaturas, como si no supiéramos que es en la cúpula de los partidos donde también se decide el espacio de MR. La idea es eliminar el esquema de listas por las que se acomodan los 200 diputados de RP sin modificar la asignación de los de MR.
Ulises Mejía explicó el nuevo método en su conferencia del lunes, al señalar que va a depender del voto la obtención de una curul. La asignación se dividirá en dos bloques: 97 diputados llegarán al lograr el segundo y tercer lugar de votación en los distritos electorales; 95 irán a votación por circunscripción y llegarán quienes asigne el partido que logre más votos. Los 8 restantes se asignarán a migrantes.En la Cámara de Senadores, de los 128 escaños, 64 llegan con el triunfo, los otros 32 vienen de la primera minoría. El resto se eliminaría para que el recinto sea ocupado solo por 96 senadoras y senadores. La asignación, así como se plantea, solo centrará el poder. Aplica la de que el que tenga más saliva para salir a buscar el voto —y más dinero para coaccionarlo— dominará las elecciones.
Dicha hipótesis ya hizo saltar al PT, que en un comunicado de su cacique eterno, Alberto Anaya, sembró la idea de que la reforma significa el regreso del partido de Estado. Algo así como la confirmación de que Morena es la Cuarta Transformación… pero del PRI. Ya veremos a qué acuerdos llegan.
Así las cosas. Hasta el viernes.