Sobre la pluma: Christian del Havre es un politólogo y capacitador certificado en SEP Conocer.
Este pasado fin de semana hubo elecciones en Chile. La mayoría de los medios volvió a polarizar y a denostar, argumentando que había ganado la ultraderecha pinochetista contra la comunista; dando con ello, según ese relato, un país más de la región hacia la derecha.
Se debe entender algo: el socialismo del siglo XXI, el Foro de São Paulo o el Grupo de Puebla, que hasta no hace mucho tenían teñida de rojo la mayor parte del continente, han sufrido un desgaste. Las promesas de justicia social, igualdad y desarrollo quedaron dilapidadas bajo esquemas de corrupción, enriquecimiento de familias, vínculos con el crimen y apropiación de todo el espacio público. Esto derivó en un hartazgo social que busca soluciones a sus problemas cotidianos más que pregones ideológicos.
Un claro ejemplo de ello es el discurso pronunciado por Ana Corina Sosa, hija de la Premio Nobel de la Paz María Corina Machado, en la ceremonia de premiación, del cual solo citaré un extracto:
> “Pero incluso la democracia más fuerte se debilita cuando sus ciudadanos olvidan que la libertad no es algo que debamos esperar, sino algo a lo que debemos dar vida. Es una decisión personal, consciente, cuya práctica cotidiana moldea una ética ciudadana que debe renovarse cada día… La concentración total de la renta petrolera en manos del Estado generó incentivos perversos y le dio al poder gubernamental un control inmenso sobre la sociedad, que terminó traduciéndose en privilegios, clientelismo y corrupción… Cuando comprendimos cuán frágiles se habían vuelto nuestras instituciones, ya era tarde. El cabecilla de un golpe militar contra la democracia fue elegido presidente, y muchos pensaron que el carisma podía sustituir el Estado de derecho… el régimen se dedicó a desmantelar nuestra democracia: violó la Constitución, falsificó nuestra historia, corrompió a las Fuerzas Armadas, purgó a los jueces independientes, censuró a la prensa, manipuló las elecciones, persiguió la disidencia y devastó nuestra biodiversidad… La riqueza petrolera no se usó para liberar, sino para someter. Se repartieron lavadoras y neveras en televisión nacional a familias que vivían sobre pisos de tierra, no como símbolo de progreso, sino como espectáculo. Apartamentos destinados a la vivienda social se entregaban a unos pocos como recompensa condicionada a la obediencia… Y entonces llegó la ruina: una corrupción obscena, un saqueo histórico. Durante los años del régimen, Venezuela recibió más ingresos petroleros que en todo el siglo anterior. Nos lo arrebataron todo”.
Dirán algunos que es la visión de la oposición al régimen de Maduro en Venezuela, pero es una realidad que lastima, sobre todo, a quienes por supervivencia han salido de su nación: esos 9 millones de venezolanos que han preferido sufrir inclemencias en un viaje peligroso que quedarse a padecer el yugo del socialismo del siglo XXI.
Los mismos chilenos vieron cómo el poder de este socialismo quiso perpetuarse, pero dijeron un rotundo no. En el referéndum para modificar la Constitución prefirieron mantener la ley aprobada durante el régimen de Pinochet antes que aventurarse a darle un poder sin control al socialismo.
Los ejemplos de corrupción y riqueza desmedida son variados. Tenemos a Cristina Fernández en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Dilma Rousseff y Lula da Silva en Brasil, la familia Ortega en Nicaragua, los López en México y los Maduro en Venezuela. Algunos de ellos ya fueron procesados y otros tantos siguen con sus redes criminales en sus países.
El asunto no es que la derecha recorra América. El asunto es que el sistema del socialismo del siglo XXI se fue agotando, y las sociedades, al no ver respuestas a sus problemas cotidianos, sino crecimiento de la inseguridad donde no la había, falta de oportunidades y de desarrollo, corrupción y manipulación de la ley, hacen que la parte de la sociedad que aún no está dormida bajo el discurso, la dádiva o la amenaza, se sacuda a este parásito que ha crecido y se ha fortalecido.
Porque debemos recordar que este club del socialismo del siglo XXI sí se vertebra: se financian campañas y se asocian con tal de seguir perpetuándose en el poder. A diferencia de la supuesta derecha, donde no están cortados por la misma tijera ideológica un Milei, un Bukele o un Kast, pero que los ciudadanos de sus países vieron como respuestas a los males y problemas que tenían enfrente, provocados por este régimen de izquierda.
Le pediría, amable lector, que vuelva a leer el extracto del discurso de la Premio Nobel de la Paz, o que lo lea completo —vale mucho la pena—, lo reflexione y, en verdad, ponga su voluntad, pensamiento y acción en buscar consolidar un cambio: por usted, por su familia y por los que vienen, por su país, nuestro querido México.