Las pruebas del Bienestar

Por Christian del Havre

«La impunidad premia el delito, induce a su repetición y le hace propaganda; estimula al delincuente y contagia con su ejemplo.» —Eduardo Galeano

 

Desde las mañaneras en su versión del «segundo piso», la presidenta ha pedido que se aporten pruebas sobre los reportajes y señalamientos contra actores importantes de Morena, acusados de corrupción, asociación delictuosa y desvío de recursos. Lo cierto es que el líder moral del movimiento, Andrés Manuel, llenaba su discurso en cada mañanera acusando a opositores y tildando a todos de corruptos, cuando en realidad la manzana podrida de la corrupción estaba del lado de Morena.

La corrupción no nació en este sexenio, pero las marcas más profundas se reflejan en este segundo mandato del partido. Desde el desfalco a SEGALMEX hasta las acusaciones contra Adán Augusto López y los viajes de lujo de los morenistas —incluida la familia del expresidente— se han acumulado pruebas sobre actos de corrupción y mentiras entre quienes hoy gobiernan.

Una serie de reportajes de portales como Latinus, Código Magenta o Atypical TV; periódicos internacionales como The Washington Post, The New York Times o The Guardian; medios como Proceso, Nexos o Este País; así como medios locales y este mismo sello informativo, La Cueva del Lobo, han generado investigaciones y artículos con cifras, testimonios y documentos que sustentan relaciones indebidas entre funcionarios, abusos de autoridad y corrupción dentro de gobiernos arropados bajo las siglas de Morena. Pero quienes desacreditan los señalamientos e investigaciones exigen casi tesis doctorales para sustentar el mal actuar de sus militantes y representantes populares.

Últimamente los morenistas repiten la frase «no somos iguales», buscando manipular la narrativa para parecer honestos. Pero lo único claro es el cinismo con el que actúan. Sirva de ejemplo una serie de casos que es necesario recordar, como los viajes a Europa y Asia —destinos caros y exclusivos—. Le pregunto, estimado lector: ¿de dónde salió el dinero para esas vacaciones en los lugares más exclusivos de Europa y Tokio? La “austeridad republicana” y la “pobreza franciscana” quedaron relegadas. De no ser por las fotografías publicadas en distintos medios, no sabríamos de la hipocresía de los morenistas.

El vínculo del exsecretario de Seguridad de Tabasco con el crimen organizado —cuando aún gobernaba Adán Augusto López y bajo recomendación de Andrés Manuel—, además de la supuesta red de lavado de dinero mediante triangulación con empresas fantasma de la fallecida hermana de Adán y su cuñado, el exgobernador de Chiapas, parece sacado de una narcoserie, pero es una realidad dura y preocupante de quienes hoy nos gobiernan o representan en el Congreso.

Todos tenemos derecho a buscar la prosperidad, pero no a costa de los impuestos y presupuestos de los mexicanos. Le pregunto nuevamente, estimado lector: ¿de qué vivirán los hijos de Andrés Manuel López? Viajan a lugares exclusivos, tienen residencias en el extranjero o en la capital, poseen negocios multimillonarios junto a amigos cercanos, y hasta estudian en el extranjero con matrículas pagadas. Todo esto contradice los propios dichos del expresidente, quien aseguraba que se iba al extranjero solo para aprender a robar. Así violan el primer mandamiento del movimiento: no robar.

Desgraciadamente, en este ciclo de impunidad, las conductas de desprecio por la ley y la justicia se hacen cada vez más oscuras y putrefactas. Somos testigos de la opulencia de unos pocos y la miseria de millones, incluso con las transferencias mensuales, cuando la justicia aplica a unos sí y a otros no. Ante esto, la mayoría buscará beneficiarse por encima de los mandatos legales y las instituciones.

¿Se preguntará, estimado lector, qué podemos hacer? Primero, quitarles el poder para establecer contrapesos comprometidos con la transparencia y el ciudadano, es decir, votar por otras opciones. Segundo, consolidar instituciones que hoy están desgastadas o agotadas. También es necesario exigir la rendición de cuentas a través de los pocos representantes populares que aún buscan transparentar los recursos públicos. Por último, informarse y tener pensamiento crítico.

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