En solo 24 horas, una fotografía de La Casa del Cobre —recientemente publicada en mi perfil personal— superó las 100 mil vistas orgánicas. ¿Por qué? Porque en medio del deterioro urbano, de las fachadas caídas y del discurso público desgastado, ver algo que vuelve a la vida conmueve. Mueve memorias, activa conversaciones, provoca entusiasmo.
Pero también, como era de esperarse, levanta cejas.
Y es importante dejar algo en claro desde el inicio: La Casa del Cobre es propiedad privada y puesta en funcionamiento con inversión privada. Durante décadas fue una finca en abandono, convertida en foco de inseguridad, drogadicción y riesgo para los vecinos. Nadie del gobierno la quiso. Nadie de los discursos sobre vivienda popular la rescató. Nadie propuso nada. En pocas palabras, nadie siquiera volteó a verla en años y en menos de 24 horas lo hicieron 100 mil zacatecanos. ¿Será un éxito ponerla en funcionamiento o no?
Ahora que revive, aparecen los “opinólogos” de ocasión con la palabra “gentrificación” en la boca, como si fuera comodín o insulto automático. Pero no. Esto no es gentrificación. Es algo más complejo, más inteligente y más útil: es activación patrimonial responsable.
Hay una diferencia brutal entre desplazar comunidades con rentas imposibles, y revivir fincas muertas con talento, cultura y economía creativa. Esto no toca el acceso a la vivienda digna —que debe garantizarse—, sino que parte de lo que ya nadie habitaba y transforma ruinas en polos de vida.
La Casa del Cobre es el primer nodo de un proyecto más amplio que estamos construyendo desde el Fondo Cultural Zacatecas, lo llamamos Zacatecas Vivo. Es una iniciativa que integra diez ejes que ya he delineado en mis redes sociales, y que incluye desde exhibiciones internacionales hasta experiencias culinarias, espacios de coworking, presentaciones artísticas, residencias culturales y una galería viva que dé sentido y prestigio a esta ciudad.
Queremos un Zacatecas con memoria, pero también con futuro. Con turismo, pero sin folclor barato. Con cultura, pero sin burocracia cultural. Queremos un Zacatecas que no repita su historia de abandono, sino que la reescriba con inteligencia, inversión y comunidad.
Y esto se puede lograr. Ciudades Patrimonio como Oaxaca, Cartagena, Lisboa o Girona han apostado por modelos de activación patrimonial privada con vocación cultural y económica. Allí también hubo críticas. Pero el tiempo demostró que, cuando se hace bien, no es elitismo: es rescate.
La Casa del Cobre no es un capricho ni una excepción. Es una señal. Una respuesta clara ante el deterioro: se puede. Y se debe.