La mujer y la familia

Por Christian del Havre

“Para hacerme poderosa solo necesito una cosa: educación”. Malala Yousafzai

La movilidad humana siempre ha sido el motivo de búsqueda de trascendencia. Un ser que no se queda quieto, ni con los mismos instintos, por naturaleza buscamos ir más allá encontrando horizontes y llegar a la libertad.

El conocimiento y la educación  han sido eje de desarrollo de las sociedades humanas, se ha demostrado como el tener una sociedad con altos niveles de conocimiento han generado prosperidad individual y oportunidades de trascendencia, políticas públicas que generen un punto de partida con equidad, justicia y transferencia de oportunidades.

Estamos ante dos celebraciones que son complementarias, el día de la familia como cada primer domingo de marzo y la conmemoración del día de la mujer, ésta como una lucha que garantice la igualdad de oportunidades y la certeza de seguridad ante la ley.

Las cifras de explotación, violencia y muerte de mujeres, han ido en aumento conforme el crimen se filtra en cada rincón de la sociedad; la pandemia que derivó en estrés, pero además se aderezó en aumentos en la violencia intrafamiliar; la carencia que conlleva falta de oportunidades y búsqueda de sustento familiar que a veces se ve reflejado en la explotación laboral.

La mujer es en esencia la aglutinadora de la sociedad, y la sociedad tiene una unidad básica que es base de toda institución que es la familia como primer núcleo de desarrollo humano,. Sin ésta, es complicado que el ser humano se forje en virtudes, cualidades, hábitos, afinidades y afectividades.  

Es fundamental que se generen políticas públicas encaminadas a la complementariedad justa de hombres y mujeres, que desembocarán en la fortaleza de la familia; donde el Estado como ente regulador de la sociedad se limite a generar oportunidades, leyes y políticas que protejan y promuevan tanto a la mujer como a la familia.

Es fundamental que se deje de lado esta polarización de mujeres contra hombres, en una guerra fratricida que solo engendra violencia, también dejar la frivolidad de lado donde el liberalismo propone una mujer independiente alejada de cualquier lazo social, cosificada como producto a consumir.

 Es fundamental promover la complementariedad, un feminismo que sí, busca la equidad legal y de oportunidades, de reducir injusticias, pero buscando la compatibilidad con el otro, viendo los factores que unen y potencian a ambos.

Estamos en un mundo donde el entretenimiento gana terreno a la lógica del feminismo (de cualquiera de ellos) donde se empodera a la imagen y la cosificación en búsqueda de ‘likes’, donde las ‘influencers’ son vistas mas no reflexionadas; donde lo inmediato deja de lado la dignidad y trascendencia; se busca equidad en la representación política, pero no en la consolidación de políticas y leyes que promuevan la educación de la mujer; en un país donde según los índices de la Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) si naces mujer indígena pobre lo más seguro es que jamás salga de la miseria, allí es donde urge ver las necesidades de trascender de la mujer y esa complementariedad con el otro.

Visibilizar a la mujer es visibilizar a la familia, más que estereotipar roles, se debe buscar generar políticas que promuevan la cohesión familiar y su complementariedad, desarrollo de opciones de tiempo para la familia, de espacios laborales donde puedan tener a los hijos, de lugares para el apego familiar; una sociedad fuerte tiene familias fuertes, es fundamental buscar la corresponsabilidad familiar de padre y madre, de la responsabilidad en la manutención, crianza y educación compartidas; en la protección de la mujer en el tema de salud, educación y emprendimiento.

Son momentos de reflexionar sobre el futuro de la mujer y la familia, de ello dependerá una sociedad justa, de oportunidades y con una visión complementaria de desarrollo, donde la llave del éxito es la educación.

Citando a Blanca Castilla de Cortázar “Cada persona, ya sea masculina o femenina, debe ‘abrirse’ a la contemplación del bien en los demás y desarrollarlo en su propia existencia. Para ello, puede tomarse como referente la actitud más genuinamente humana: la capacidad de servicio a los otros”.