Nuestro país se ha caracterizado históricamente por la desigualdad estructural y el bajo crecimiento económico a excepción del período del milagro mexicano, en el que pesar del alto crecimiento, no hubo una distribución justa del ingreso por el contexto político – dictadura priísta-. Ahora lidiamos con la precarización del ingreso, desigualdad social y más del 60 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza.
¿Qué es la precarización del ingreso?
En 1960 una persona con trabajo formal y un salario mínimo como ingreso laboral, aseguraba que su familia viviera por encima de la línea de la pobreza, teniendo acceso a educación, salud y oportunidades. Ahora esto no ocurre. Si bien AMLO atina a decir que la precarización del ingreso de las y los mexicanos se debe al modelo neoliberal, en el que México tiene como ventaja competitiva bajos salarios, los cuales llevan 30 años con tendencia a la baja, tampoco hay esfuerzo real de regular y revertir esta situación.
De acuerdo con el INEGI (2021), de los 56.6 millones de personas que están ocupadas, únicamente 25 millones lo están en condiciones de formalidad, lo cual no implica necesariamente buenos salarios. Todo ello, a la par de ingresos laborales per cápita muy bajos, a tal grado que, de acuerdo con el CONEVAL, más del 40% de quienes trabajan, tienen ingresos laborales reales por debajo de la línea de la pobreza, lo que significa que, en México, tener un empleo no es garantía para superar la pobreza.
Lo anterior se ha agravado por el impacto de la pandemia y la crisis económica que la acompaña. Quienes han sufrido los peores efectos han sido mujeres, niñas y niños; las mujeres acceden a trabajos precarizados y sin seguridad social, mientras que niños y niñas se han visto forzados a abandonar sus estudios para trabajar. Según datos de UNICEF en 2019 se estimaba que 3.3 millones de menores de edad se encontraban inmersos en actividades laborales, para 2022 la cifra aumento a 3 millones 850 mil.
La inflación en nuestro país acaba de alcanzar la cifra de 8.62 %, debido al incremento de alimentos, bebidas y energéticos, lo que desalienta las expectativas de crecimiento económico. Asimismo, según datos de la Secretaría del Trabajo y Previsión social, la pérdida del poder adquisitivo es de 1.3 por ciento, las familias se han visto obligadas a cambiar sus hábitos de consumo.
Pese al incremento de 22% del salario mínimo, solo 12% de los trabajadores ganan esta cifra, lo que impacta en la calidad de la alimentación de las personas. El 60.7% de las personas con empleo ganan entre 1 y 2 salarios mínimos, son quienes sufren más los efectos del encarecimiento de los alimentos. Esto nos habla de que los ingresos salariales de las y los mexicanos no alcanzan para sacar a las familias del umbral de la pobreza, tener un empleo ya no garantiza a las personas dejar de ser pobres,
Los efectos de la guerra entre Rusia y Ucrania, así como la sequía, el incremento de las tasas de interés de los bancos nacionales de las principales economías y el incremento de las temperaturas de este año, lanzan las expectativas inflacionarias a dos dígitos (entre 9.5 y 11%). Por los incrementos en los precios de los insumos, encareciendo los costos para todas las cadenas productivas, aunado a que el incremento del precio de las gasolinas, ya que el 80% de los alimentos se transporta por vía terrestre.La baja competitividad promedio de nuestro país también incide en el incremento de precios.
El incremento de la tasa de interés de Banxico no será suficiente para detener el problema inflacionario, aunque si lo contiene. Mientras, las y los ciudadanos de a pie, sólo vemos como el dinero no alcanza como antes y no nos queda más que apretarnos el cinturón hasta que la inflación global se detenga.