Desigualdades que matan

La pandemia del Coronavirus ha marcado a la mayor parte de la humanidad por el sufrimiento, ya que consigo trajo crisis económica, de derechos humanos y el colapso de los sistemas de salud en todo el globo, así como el conflicto bélico entre Ucrania y Rusia; sin embargo, es uno de los mejores momentos en la historia para los multimillonarios.

Lo anterior implica que la pobreza y las desigualdades se han profundizado. “Las desigualdades (incluida la falta de accesos a atención médica) contribuyen a la muerte de al menos una persona cada 4 segundos”, según el informe publicado en mayo de este año, Beneficiarse del Sufrimiento elaborado por Oxfam (Comité de Oxford de Ayuda contra el Hambre).

Asimismo, el informe detalla que cada 30 horas la pandemia genera un nuevo multimillonario, mientras que se espera que 263 millones de personas caigan en pobreza extrema, es decir 1 millón cada 33 horas. Por un lado, el costo de los productos básicos aumenta en los últimos dos años a mayor ritmo que en las últimas dos décadas -el precio de los granos se ha incrementado sobre todo por la guerra, ya que Ucrania es considerada el granero de Europa-, la riqueza de los sectores de la alimentación y la energía y farmacéutico se incrementa mil millones de dólares cada dos días.

La riqueza total que acumulan el total de los multimillonarios equivale al 13.9% del PIB mundial, cuando en el año 2000 equivalía al 4.4 por ciento. Pese a que las empresas de dichos sectores tienen beneficios sin precedentes los salarios de las y los trabajadores a penas han aumentado y tienen que enfrentarse a niveles de inflación no vistos en décadas.

Para evitar el colapso económico, los bancos centrales inyectaron miles de millones de dólares a las economías nacionales; no obstante, ha resultado en inflación y en el incremento del patrimonio neto de los multimillonarios, es decir, gran parte de la concentración de la riqueza ha sido consecuencia directa de esta inyección de dinero.

Este aumento de la riqueza y de la pobreza son dos caras de una misma moneda, y la prueba más evidente de que nuestro sistema económico funciona exactamente como los ricos y poderosos quieren que lo haga.

Los ingresos de los más ricos se han recuperado con rapidez del golpe que sufrieron al inicio de la pandemia, mientras que los de las personas más pobres aún no lo han hecho, lo que está profundizando la desigualdad de ingresos.

Cifras que evidencian la desigualdad

  • Dos mil 668 multimillonarios poseen 12. 7 mil millones de dólares.

  • Los 10 hombres más ricos del mundo poseen más riqueza que los 3 mil 100 millones de personas que componen el 40% más pobre de la humanidad.

  • La elevada informalidad y el volumen de trabajo de cuidades recae casi exclusivamente sobre las mujeres, asumen más de dos tercios de este tipo de trabajo.

  • Cuatro millones de latinoamericanas no tienen empleo formal.En 2021, había 13 millones menos de mujeres empleadas que en 2019, mientras que el empleo masculino ya ha regresado a los niveles de 2019.

  • La mitad de las mujeres trabajadoras no blancas en EEUU ganas menos de 15 dólares la hora.

  • La brecha salarial de género ha aumentado: las previsiones anteriores a la pandemia estimaban que se tardarían 100 años en cerrar esta brecha; ahora se tardarán 136 años.

Estás cifras me resultan obscenas, son divisivas, corrosivas y peligrosas, a la postre quebrarán los vínculos de paz que unen a la humanidad. Mientras la inflación aumenta en todas partes, el aumento desorbitado de los precios está resultando especialmente devastador para las trabajadoras y trabajadores con salarios bajos, cuya salud y medios de vida ya eran más vulnerables ante los impactos de la pandemia.

Oxfam recomienda a los Gobiernos que adopten inmediatamente las siguientes medidas:

Aplicar impuestos solidarios temporales sobre los ingresos extraordinarios de los milmillonarios durante la pandemia para financiar medidas de apoyo a las personas en condiciones de vulnerabilidad, así como para financiar una recuperación justa y sostenible tras la pandemia.

 Poner fin a esta crisis alentada por la maximización de beneficios introduciendo un impuesto temporal del 90% a los beneficios excesivos y extraordinarios de las grandes corporaciones que permitan capturar los beneficios “caídos del cielo” en todas las industrias y sectores. Oxfam estima que un impuesto de tales características aplicado a 32 corporaciones hubiera generado una recaudación adicional de 104 000 millones de dólares tan solo en 2020.

 Introducir impuestos permanentes sobre la riqueza para acotar la riqueza extrema y el poder monopolístico, así como las desorbitadas emisiones de carbono de los ricos. Un impuesto anual sobre el patrimoniopodría generar 2,52 billones de dólares cada año, suficiente para ayudar a salir de la pobreza a 2300 millones de personas, producir vacunas para todo el mundo y proporcionar servicios de salud y protección social universales a la población de los países de renta media-baja y baja.

La historia nos ha enseñado que reducir la desigualdad no es solo posible, sino que está al alcance de nuestra mano, algo que ya han demostrado las medidas tomadas por determinados Gobiernos.La pandemia nos ha enseñado que aferrarnos a las mismas políticas amañadas de siempre es una receta que nos abocará de nuevo al desastre. Nadie debería vivir en la pobreza. Nadie debería poseer una riqueza milmillonaria inimaginable. La desigualdad no debería mata