Reflexiones de economía ante el arranque de año

 

Inicia 2022 y muchos asuntos ocupan la mesa del debate. Las perspectivas inflacionarias, que profundizará la crisis económica que arrastramos desde 2008. La actual crisis económica ha sido agravada por la pandemia y ésta, ha develado una seria de problemas que se arrastran desde hace 3 décadas, los límites en los estilos de vida sustentados en la bonanzas antropocéntrica son cada vez más notables y preocupantes.

Consumismo y productivismo, tecnologías que aceleran la acumulación de capital, estados cada vez más autoritarios; ambición, egoísmo desaforado e individualismo, como las enfermedades sociales derivadas del modelo económico neoliberal; hambre de millones de personas; extractivismos desbocados, flexibilización de las economías, búsqueda del crecimiento económico permanente, enfermedades resultado de la destrucción de la biodiversidad.

El modelo neoliberal se está colapsando –esa no es ninguna novedad-, por ello precisamos otra economía, pensada y sustentada en los derechos de la naturaleza y de sus inseparables Derechos Humanos. A la par de la economía debemos recuperar los valores que nos salven de la cultura patriarcal y colonialista.

Desde mediados del siglo XX, las naciones del mundo empezaron a preocuparse por el medio ambiente y la inminente escasez de recursos naturales, al darse cuenta que un modelo de crecimiento económico perpetuo compromete la integridad del planeta así como el bienestar de toda la humanidad.

Lo anterior derivó en el Informe de Brundtland en 1987, confrontado al desarrollo con las demandas ambientales supuso el cambio de satisfacer las necesidades presentes sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras, pues la explotación de los recursos naturales no puede extenderse en el tiempo.

El desarrollo sustentable abrió la puerta para buscar un equilibrio entre economía sociedad y ecología. Pese a que el tema ambiental tomo relevancia quedó expedita la vía de una creciente mercantilización de la naturaleza. Sin considerar las herencias coloniales y los desproporcionados niveles de consumo de recursos naturales de algunos países, que a la vez son los  que más gases de efecto invernadero y desechos plásticos producen.

Esta aproximación al tema ambiental afincada en soluciones, margina a los grupos humanos que no están integrados en los procesos de modernización capitalista, sino que son considerados como causantes de los problemas, son vistos, incluso, como “enemigos del progreso”. 

La respuesta del neoliberalismo, fue la aparición de las economías verdes como panacea para resolver los problemas ambientales respaldando al crecimiento económico, la liberalización del comercio y la propiedad privada de los recursos naturales. Sin tomar en cuenta los profundos problemas de justicia social y la sostenibilidad ambiental.

No considera las estructuras patriarcales que ahogan la posibilidad de la vigencia plena de los derechos humanos. No encuentra espacio en estas consideraciones verdes la colonialidad con todas las cargas históricas que de ella se derivan o los proyectos extractivistas con sus enormes destrucciones de territorios y comunidades; incluso la misma transición energética corporativa que demanda cada vez más materiales como el litio para cubrir la demanda de  baterías de celulares, computadoras y vehículos eléctricos particulares, entre otros.

La economía verde, busca soluciones a los problemas que emergen del sistema capitalista al cual procura proteger, pero al acelerar la mercantilización de la naturaleza ha profundizado los desequilibrios gemelos: ecológicos y sociales. 

América Latina ha sufrido una dramática disminución del 89% de poblaciones de especies en comparación a 1970. La creciente destrucción de selvas es más que preocupante, al igual que la pérdida de la cantidad y calidad del agua.

La CEPAL estima que el total de personas pobres ascendió a 209 millones a finales de 2022, 22 millones más que el año anterior. Asimismo, destaca la gravedad de los índices de desigualdad en la región en tasas de ocupación y participación laboral, sobre todo para las mujeres.

Un manejo económico diferente y justo exige cambiar las dimensiones sociales, que no se agotan por la racionalidad y la calidad de las políticas sociales. Esta reformulación tiene que basarse en la eficiencia, suficiencia y solidaridad, fortalecer las identidades culturales de las comunidades, promoviendo la interacción e integración entre los movimientos populares y la incorporación económica y social.

 

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