Dicen los chinos que las crisis son oportunidades y la administración que en apariencia lleva David Monreal, tiene la oportunidad de reinventarse ¿Tendrán la capacidad quienes mueven la maquinaria oxidada de la erróneamente llamada “nueva gobernanza” para recular en sus fallos y renacer con el año nuevo? Veremos.
Para nadie es un secreto que los primeros 4 meses de la administración actual, han sido un estrepitoso desastre. Inocultable además porque se ha evidenciado visiblemente a nivel nacional. No es casualidad que Monreal Ávila sea portador del último lugar en el ranking de aprobación de los 32 gobernadores, según la más reciente medición de Arias Consultores.
Visiblemente, el nuevo gobierno ha ido de tropiezo en tropiezo. No solo la exacerbada violencia de los últimos meses marcó de manera negativa el arranque de quien más por copiar el discurso simplón y populista de AMLO, que por convicción, señaló en su toma de protesta que anhelaba “ser el mejor Gobernador que haya tenido Zacatecas”. Al actual mandatario le ha golpeado de inicio, la falta de consensos entre las fuerzas internas que toman las decisiones que se concentran en orden de influencia en Vero Díaz, Ricardo Monreal y Norma Julieta del Río.
Asimismo, la incapacidad para cumplir acuerdos y peor, colocarse en una postura de imaginaria omnipotencia, como ocurre con las recurrentes violaciones a la legalidad al negarse a pagar a maestros burócratas, jubilados y pensionados, aún cuando se ha tenido el recurso.
Muy temprano se desgastó el discurso del pretexto, que si bien es real que recibieron al estado con una deuda de más de 7 mil millones de pesos y arrastran la pesada nómina magisterial, pesa más la percepción marcada de acefalia en los trabajos de gestión y la falta de credibilidad en los artilugios.
Más grave, la guerra campal entre cárteles que no ha dado tregua ni en navidad, día en que las fuerzas del orden realizaron hallazgos macabros de al menos 20 cuerpos en la entidad.
Ese rubro es sin duda, el que más le ha pegado al gobierno en su arranque ante la opinión pública. Sin embargo, no minimicemos que la tendencia a la alza en la tasa de homicidios dolosos ha duplicado sus números en los últimos dos años y que ante ese contexto y sin una estrategia clara a nivel nacional, su disminución se complica.
En ese sentido, según los últimos datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) y del reporte cotidiano de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Zacatecas terminó el 2021 con mil 618 asesinados.
Más preocupa a la población que en el primer mes de implementado el Plan de Apoyo contra la Inseguridad, las cifras de homicidio continúen por encima de los 100 por mes.
En ese aspecto, de acuerdo a datos de las instituciones mencionadas, en diciembre, la entidad registró 108 muertos por la violencia, una tendencia similar desde enero del año que pasó, pero aproximadamente 25 por ciento menor que de septiembre a noviembre.
Pese al despliegue de AMLO y su gabinete los días 24 y 25 de noviembre, la tasa de homicidios en el Estado se ubicó en 3.6 por día, aún con 460 elementos de la Sedena y Guardia Nacional más que en los meses anteriores.
A ese desalentador escenario, súmele la tendencia del gobierno del de Puebla del Palmar al auto flagelo al actuar de manera torpe frente a las cientos de demandas por despidos injustificados.
Se golpea solo cuando a pesar de los múltiples amparos contra la retención de pensiones, insiste en no cumplir la ley y no paga los derechos ganados por ese sector de la población.
Con el arranque antes descrito, recomponer el camino es una imperiosa necesidad.
Empero, y no por ser agorera del mal, no se distingue un golpe de timón que corrija lo que mal empezó. Es mal augurio la intención anunciada de despedir a más de 3 mil burócratas, una acción que seguramente traerá altos costos políticos.
No es para nada alentador que para cubrir hoyos financieros la actual gestión planeé refinanciar la deuda e incluso, adquirir nueva a corto plazo.
Otra cuestión que urge se vea con seriedad es que la pandemia de Covid-19, amenaza con su cuarta ola. Los resultados de la laxitud de las medidas sanitarias de las últimas semanas, son patentes, ya que en los últimos reportes de los Servicios de Salud sobre los contagios de SARS COV2, hay incrementos considerables. Si bien resulta alentador que el número de decesos ha bajado, no es momento de bajar la guardia.
El estado se encuentra frente a retos históricos frente a los que se necesita un gobierno serio, capaz y comprometido, enfocado en buscar soluciones. A Zacatecas no le sirve un ejército de improvisados cuyo único fin es ganar elecciones futuras.