La imagen de hombres, mujeres y niños pecho a tierra ante el escalofriante sonido de los disparos, da cuenta de la seria crisis de inseguridad que enfrenta Zacatecas.
La escalada de hechos delictivos no sólo somete a pobladores de comunidades de Jerez que no han regresado a sus casas luego del ataque que los conminó a huir, en todos los rincones del territorio zacatecano, la criminalidad se pasea como Juan por su casa.
El recrudecimiento del terror a raíz del cambio de gobierno, da cuenta del reacomodo de los grupos organizados del crimen que mantiene a autoridades en el papel de convidados de piedra.
La violencia mantiene su incremento inercial sumando cadáveres en todo el territorio nacional desde hace más de 10 años. Nuestra entidad es un caso emblemático al ser el punto nodal en el trasiego de drogas rumbo a Estados Unidos, el principal mercado de los estupefacientes.
Mañana se cumple un mes de que David Monreal tomó las rindas del Ejecutivo, un mes en que no ha habido un solo día sin asesinatos, secuestros o extorsiones. Antes de su llegada la entidad ya se encontraba sumida en la ignominia, empero, eso no influyó en la ratificación de Arturo López Bazán como Secretario de Seguridad Pública.
Y es que, el problema es más complejo que un simple movimiento de piezas. Al final de cuentas tuvo razón el ex General Brigadier, Froylán Carlos Cruz quien ocupó ese puesto el primer año de la gestión de Alejandro Tello al señalar que sin importar el nombre del que ocupara ese puesto, la inseguridad seguiría. A pesar que el augurio lo hizo antes de la llegada de la 4T, atinó.
Se necesitan más que buenas intenciones, una estratagema integral que de inicio ataque de manera seria la corrupción y la impunidad que opera en las corporaciones policiacas de todos los niveles.
A eso súmele que los grupos organizados tienen más poder armamentístico por lo que coaccionan e intimidan a corporaciones policiacas con poca preparación y en franca desventaja para hacerles frente.
La llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder planteó un cambio de paradigma en la estrategia que torpemente inició Felipe Calderón en 2016. Empero, el Peje no ha logrado paliar la incidencia delictiva, antes bien logró su desbordamiento.
La idea de pacificación del actual régimen se sostiene en la dispersión de programas sociales asumiendo que los jóvenes se insertaban al crimen por la pobreza. El tiempo da cuenta que el problema es más complicado que eso, al aumentar el secuestro de jóvenes por parte de los cárteles para explotarlos laboralmente como sicarios.
Los abrazos no balazos no han rendido frutos porque las autoridades siguen delegando el poder en esos grupos de facto que se multiplican de manera exponencial.
No se ha cumplido uno solo de los ocho puntos torales de la supuesta panacea de la 4T contra la inseguridad, porque la estrategia no tiene pies ni cabeza ya que se planteó a manera de discurso demagógico, juzgue usted, esos son los puntos: 1.- Combate a la corrupción y mejorar la justicia, 2.- Empleo, educación, salud y bienestar, 3.- Combate la impunidad en violaciones a Derechos Humanos, 4.- Regeneración ética de la sociedad mediante una constitución moral, cambiar el modelo cultural del consumismo, 5.-Analizar la prohibición de las drogas y enfocarse en atender a los adictos, 6.- Pacificación del país, 7.- Recuperar las cárceles y 8.- Un cuerpo militarizado para la Seguridad Pública con la creación de la Guardia Nacional.
¿Cómo vamos con eso? No hay resultados positivos, los criminales siguen haciendo agosto en el territorio nacional. Entretanto, AMLO vuela en las alas de la utopía, el INEGI y el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, dan cuenta de que el país ya sumó 101 mil 942 homicidios dolosos -según la última actualización al 9 de octubre-, en los últimos tres años.
El presidente «humanista» casi alcanza en cifras de asesinatos a Enrique Peña, quien cerró gobierno con 156 mil 066. Es más, hasta el sanguinario impulsor de la guerra contra el narco que nos tiene sumidos en la ignominia, está próximo a ser alcanzado en la cifra de muertes dolosas de todo su mandato que fue de 120 mil 463, a pesar que AMLO apenas cumplirá sus primeros 3 años en diciembre.
Visto está, que la táctica errática contra la inseguridad, no está funcionando. A México de nada le han servido los intentos de catequesis con la impresión y repartición de la cartilla moral, no ha servido el dispendio de recursos públicos sin objetivos claros que han terminado como herramientas de coerción del voto.
No se han cumplido los objetivos de erradicar la corrupción ni la impunidad de las corporaciones policiacas ni de todos los niveles de gobierno. La centralización de los recursos es parte de la acentuación de la inoperancia de las policías municipales y estatales infiltradas hasta la médula por la criminalidad, pero que son piezas clave en una táctica eficiente de combate a esa tara. Las policías municipales son además, las primeras víctimas de la criminalidad, obligadas a servir a esos intereses ante el abandono de los cuerpos de seguridad mejor armados y mejor preparados.
Para el gobierno de la República, ellos son parte del problema, no de la solución. De ahí que en el proyecto de presupuesto de egresos 2022, el gobierno federal descobije a los municipios al proponer solo 7 mil 988 millones de pesos para corporaciones municipales, frente a los 235 mil 137 millones que propone destinar a Fuerzas Armadas y Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.
No toma en cuenta que su fortalecimiento puede ser un punto clave contra la inseguridad, al final de cuentas ellos conocen mejor sus territorios.
La falta de presupuesto en Zacatecas acentúa la inseguridad porque desde el inicio de su administración, López propuso que cada entidad de la República costeara el mantenimiento de los elementos de la Guardia Nacional si quería que ese cuerpo de seguridad cumpliera labores en sus demarcaciones.
En ese tenor, con un estado endeudado y con bajo presupuesto, a Zacatecas le resulta casi imposible atraer elementos de la Guardia Nacional porque eso significa destinar recursos para su instalación, que no se tienen. Hoy Zacatecas ocupa el onceavo lugar en homicidios dolosos de las 32 entidades del país. De 2018 a la fecha han ocurrido 3 mil 267 asesinatos en el estado, en su mayoría por pugnas entre cárteles del narcotráfico. No hay motivos para sentirnos optimistas con la llegada de Davi Monreal al poder. Al enclave de la criminalidad, solo se le puede combatir con una estrategia clara y conjunta entre todos los cuerpos de seguridad del país, y la actual administración carece no solo del apoyo de la federación también de proyecto. ¿O usted qué opina?