Economía circular, opción ante la debacle ecológica

El 2020 será recordado en la historia como el año en que la civilización humana se vio amenazada, no sólo por la pandemia del COVID-19, sino, por la crisis sistémica, económica, sanitaria, ambiental y de derechos humanos que ha develado las desigualdades, pobreza y violencias que se viven en la mayor parte del mundo, además de cuestionar la actual forma de reproducción económica, social, energética y ambiental.

La catástrofe ecológica global, sin duda, es culpa de la humanidad. Del modelo económico lineal de «extraer, producir, desperdiciar». El cambio climático nos ha obligado a entender el planeta finito y la necesidad de actuar de manera conjunta, para favorecer la protección de toda la vida, es decir buscar alternativas al modelo económico imperante.

Es un hecho que el capitalismo como modo de producción no va a ser reemplazado. Sin embargo, existen más alternativas al neoliberalismo para producir mercancías para satisfacer las necesidades humanas ilimitadas. Una de ellas, la economía circular.

La economía circular es una alternativa atractiva que busca redefinir qué es el crecimiento, con énfasis en los beneficios para toda la sociedad. Esto implica disociar la actividad económica del consumo de recursos finitos y eliminar los residuos del sistema desde el diseño. Respaldada por una transición a fuentes renovables de energía, el modelo circular crea capital económico, natural y social y se basa en tres principios: eliminar residuos y contaminación desde el diseño; mantener productos y materiales en uso; y, regenerar sistemas naturales.

Actualmente, los países desarrollados, con visión sostenible, le están apostando por el desarrollo de energías renovables y abandonar los combustibles fósiles en base a una descentralización de la producción energética, es decir, por una estructura horizontal. Lo que está convirtiendo en competitivas a estas fuentes de energía. Tanto por los precios en el mercado como por las nuevas legislaciones y acciones judiciales que obligan a los países a disminuir sus emisiones de carbono.

En la Unión Europea se preparan para adoptar el enfoque de la economía circular, que estima podrá aportar a la economía mundial 700 mil millones de dólares, por la disminución de costos de extracción de materias primas. Ya que este enfoque busca que los materiales sean reutilizados para evitar los desecho.

Mientras que en Estados Unidos, Biden apuesta por el retorno a las políticas keynesianas en México, AMLO le apuesta a las políticas de desarrollo de la  década de 1970.  Empero, mientras el sector agropecuario estadounidense está tecnificado y es competitivo, el de nuestro país ha sufrido un abandono desde hace 40 años.

Se estima que el costo por el deterioro del suelo en el mundo asciende a 400 mil millones de dólares. Desde la economía circular, los desechos orgánicos se reutilizan como composta y se evita que vayan a los vertederos, la recuperación de los suelos es un punto nodal de este enfoque.

Pese a lo anterior, para transitar a la economía circular existen dos grandes obstáculos: la resistencia de los poderes establecidos para mantener el status quo que les ha dado grandes beneficios y, el modelo de consumo que ya no es sostenible porque no existen los recursos naturales para abastecer las necesidades humanas actuales; lo que Marx ya vislumbraba y nombró como brecha metabólica.

Nunca antes en la historia humana nuestra especie había enfrentado un reto de la dimensión actual. Sin embargo, por primera vez en la historia de la humanidad se desarrolla conciencia planetaria y pluralista, inclusiva e igualitaria, en número pequeño pero, creciente de personas. Tiene su expresión en la lucha contra el racismo, la rebelión para erradicar la violencia contra las mujeres, derecho a la diversidad de creencias y la sexualidad, denuncia la desigualdad y lucha para la protección del planeta, es decir, un cambio profundo de conciencia.

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