Resulta insólita la orfandad de liderazgos en cada uno de los partidos políticos adversos a Morena pese a que para renovar la Presidencia de la República faltan poco menos de 3 años. Y lo peor, que tampoco se ve posibilidad de equilibrar la Cámara de Diputados en 2021 porque el TUMOR no se puso de acuerdo para ir juntos por todo.
Es preocupante que hasta ahora, la figura más visible que encarna el necesario contrapeso político contra Andrés Manuel sea un decrépito y caricaturesco Gilberto Lozano promotor de ideas descabelladas y ciertamente impensables como golpes de estado exigencias que denotan enanismo mental de quien las promueve.
Y por suerte el principal impulsor del movimiento FRENAA, ostenta de manera descarada una retórica incapaz de penetrar entre el pueblo votante (o capaz de organizarse para planear derrocamientos) porque se encargó junto con su grupo, de endilgarle a su cruzada la percepción de pertenencia a una élite cuyos intereses trastocó la 4T.
Pedir la renuncia del Presidente o la expulsión a priori de una figura que se sostiene por una elección popular histórica, suena absurdo y habla de una patológica necesidad de reflectores, cuando lo correcto es luchar por ganar los espacios que necesitan los demás partidos a través del voto popular.
¿Y qué me dice de Ricardo Anaya quien tuvo entrada de huracán en el panismo y ahora quiere volver a la escena mediática quizá con la idea de figurar, él sí, de manera democrática como una luz al final del túnel en 2024? Quizá tendrá a su favor que renació con el estigma de la victimización ante los votantes a raíz de la sospecha no comprobada de acuerdos entre las cúpulas de Morena y el tricolor. Esas argucias, podrían ser su carta de reivindicación, pero eso está por verse, las heridas que dejó en el panismo no han cerrado y hasta ahora no hay un partido que haya levantado la mano para arroparlo de lleno.
Con el campo desierto de líderes que enfrenten a la magnánima figura que ostenta actualmente el Ejecutivo federal y a sabiendas que la democracia es la única vía posible y el 2021 tiende en bandeja de plata la oportunidad, los consensos entre quienes perdieron su lugar en el poder después de la llegada de Morena, siguen desarticulados.
En ese tenor, la noticia de que la alianza entre todos los partidos que no pertenecen al club de Tobi del Movimiento de Regeneración marcharán separados el año que entra, en la lucha por los distritos federales en la mayoría de las entidades, habla de que la ambición del poder por el poder los obnubila.
La experiencia que dejan los primeros dos años de la administración de Andrés Manuel López Obrador respecto a la asignación centralista de los recursos, debería ser punto de partida para que la variopinta oposición vea más allá de luchas por cotos de poder en gubernaturas y peleen por equilibrar la Cámara de Diputados.
Un grave error que acusa incapacidad de las dirigencias de los partidos en cuestión para conciliar diferencias, en aras de no dejar que los guindas y aliados se queden con todo el mandado. Y es que más allá de los miles de apoyos sociales que dispersa el actual gobierno, caprichos ciegos como la construcción de las dos refinerías en Dos Bocas y el innecesario Tren Maya (dada la contingencia económica que nos depara el año que entra, luego con la pandemia), ahogan financieramente a las entidades federativas azotando en mayor medida a las gobernadas por el PRI o el PAN.
Empero, parar la debacle anunciada que se vislumbra por la concentración de las decisiones torales para México en un solo partido (que se reduce casi, casi, a una sola persona), no es prioridad para quienes aspiran a cumplir aspiraciones individuales bajo el estandarte de los partidos enfrentados en apariencia al de López Obrador.
El panorama es previsible. Si la oposición se enfrenta en 2021 de manera individual en la pelea por los escaños legislativos a Morena, no se gestarán los contrapesos necesarios.