A causa de la pandemia del coronavirus este año ha sido financieramente doloroso para la población mundial, en especial para los países subdesarrollados como es el caso de la región de América Latina.
La región tiene una tasa de empleo informal de 54%, es decir 158 millones de personas trabajan en la informalidad, según el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) La crisis de la Covid-19 y el empleo informal. Con ese escenario de fondo, no podemos juzgar de irracionales e irresponsables que estos sectores de la población se vean obligados de romper el confinamiento, para poder ganarse la vida y subsistir.
El virus, nos ha llevado repensar nuestros estilos de vida y puesto en duda la viabilidad del sistema económico, para promover uno más justo con menores desigualdades. Por ello, regresó al centro del debate conceptos como el Estado de Bienestar (salud y educación universal, seguro por desempleo, entre otros) y, el marxista de ruptura metabólica (desequilibrio provocado por el capitalismo entre la naturaleza y lo humano) ya que existen evidencias que la propagación del virus se relaciona con la evolutiva de la producción agroalimentaria y la expansión de la urbanización capitalista.
Los países desarrollados y las poblaciones con empleos fijos han podido vivir la pandemia en mejores condiciones con el uso del internet y de las TIC’s (Tecnologías de la Información y Comunicación), lo que permitió el trabajo desde casa y mantener una nueva clase de consumo en bienes no tangibles, la contratación de plataformas de entretenimiento en línea.
Asimismo, surge una nueva explotación laboral “la zoometización”, donde horarios, control y disciplina son ejercidos por los trabajadores, es decir, son autoexplotados. Parece como si regresáramos en el tiempo al sistema de taller doméstico, lo que ahorra a las empresas los costos de infraestructura. Además, el tema de la vigilancia remota por medio de aplicaciones que fungen como nuevos capataces.
La poca movilidad ha parado la economía mundial, disminuyendo drásticamente las prospecciones de crecimiento y desarrollo en México y en toda la Región de América Latina. Sin embargo, pese a las predicciones de algunos analistas económicos, el sistema de producción se ha ajustado y se ha adaptado a la situación bajo nuevas formas de acumulación.
Por ejemplo, los multimillonarios estadounidenses se han enriquecido en 565,000 millones de dólares desde el 18 de marzo, según un informe publicado el jueves por el Instituto de Estudios Políticos (IPS, por sus siglas en inglés), un centro de estudios progresista.
La riqueza total de los multimillonarios ahora es de 3,5 billones de dólares, un 19% más desde el comienzo de la pandemia, según el informe. Solo el director de Amazon, Jeff Bezos, tiene US$ 36.200 millones más de lo que tenía el 18 de marzo.
Sabemos por la teoría marxista que las crisis recurrentes son inherente al modo de producción capitalista; sin embargo, desde que el neoliberalismo se impuso como la doctrina económica dominante el mundo se ha encontrado en una crisis permanente. El objetivo es justificar la cada vez mayor acumulación de riqueza y no permitir planteamientos de medidas eficaces contra el inminente debacle ecológico.
Con la pandemia se evidencia lo que antes se tenía normalizado como el impacto ecológico de las actividades humanas sobre los ecosistemas terrestres, la debilidad de los Estados de Bienestar, y se han expuesto los graves problemas de pobreza y desigualdad social. Para poder sobrevivir debemos repensar las relaciones productivas y la capacidad que deben tener los Estados Nación para dejar de ser soporte de la reproducción del sistema capitalista.