Tabasco abre negocios no esenciales entre la incredulidad y el miedo al Covid-19

“Ayer se llevaron a una señora que apuñalaron, si se muere, seguro van a decir que fue por coronavirus”, con esa frase rompe el hielo el taquero que ágilmente prepara mi orden de bistec con repollo y la deliciosa salsa de pimienta, típica en la cabecera del municipio de Tabasco, Zacatecas.

 Son para llevar, como establece la reglamentación, pese a que signifique pérdidas para los negocios que temen más a las multas.

 Es jueves 20 de mayo. Fui nominada para ir de la comunidad donde llevo la cuarentena hasta ésta localidad  a comprar víveres. La sureña demarcación que le hace cintura al estado de Zacatecas en el mapa, es a donde por conveniencia geográfica, acuden quienes habitan en las rancherías aledañas.

 

 Aquí, hasta el corte oficial de las 6 de la tarde de ayer,  no se ha registrado un solo caso de Covid-19, pese a que a nivel estatal la cifra de muertos casi llega a los 30 y a que a nivel nacional átropos ha cobrado más de 6 mil vidas, persiste la incredulidad en un sector de la población de la existencia del virus originado en Wuhan, China.

Incredulidad que se mezcla con el miedo de las personas que han sabido de contagios de sus familiares  al otro lado del Río Bravo, ya que éste también es un pueblo migrante y “en el norte” el Coronavirus cobró hasta ayer 95 mil 087 víctimas mortales.

Por necesidad,  como señala Alejandro quien desde el lunes 18 vende legumbres, frutas y verduras en el puesto de corte informal a espaldas del mercado principal,  y porque el marasmo ya los tiene desesperados, muchos tabasquenses abrieron negocios no esenciales.  Esa fecha que fue marcada por la federación para arrancar la “nueva normalidad” en municipios con cero contagios y sin vecindad con enfermos de Covid-19,  aquí se tomó en serio.

Aunque desde el Gobierno estatal no se ha decretado el regreso a las actividades económicas no esenciales, aquí la economía no puede paralizarse por más tiempo. Parece no ser importante que el municipio  es vecino de Villanueva donde se han registrado tres contagios.   Eso no impide que las personas que acuden a hacer sus compras,  hagan grupitos de más de 5 en las calles angostas del poblado

 

No obstante, en los negocios abiertos todas las medidas sanitarias están vigentes. El gel antibacterial a la vista, la restricción al acceso de las personas, incluso el tapete desinfectante, hace ver que no se ha bajado la guardia, pero que «hay que comer», como me dice la locataria del puesto de ropa interior.

Desde el principio del decreto nacional de cuarentena, en la  “tierra húmeda” –significado del vocablo náhuatl “metahuasco”, que originó la palabra Tabasco- no se han podido dar el lujo cerrar en su totalidad los negocios ya que sus habitantes viven principalmente del comercio.

 A pesar que actualmente en el estado la Secretaría de Salud señala que hay 223 casos acumulados del coronavirus, en este lugar, la pandemia no ha logrado detener totalmente el ajetreo ni la afluencia de  personas en las calles, que se acentuó  desde el lunes pasado.

Es que, es el centro de la actividad económica municipal y el lugar a donde acude la gente de las comunidades a comprar el “mandado” de la semana. Además, aquí no se vive de manera tan marcada la psicosis y el hartazgo post encierro que se siente ya en municipios más poblados y que encabezan los contagios de ese mal.

Todavía pese al avance y los estragos mundiales que ha provocado el indeseable virus, hay personas como el taquero en cuestión que piensa que el coronavirus es un «invento del gobierno para chingarnos” ¿con qué objetivo? no sabe decirme.

Hoy todo luce relativamente normal, pocos son los negocios que permanecen cerrados, parece que se bajó la guardia.

En ese sentido, de acuerdo a proyecciones oficiales son dos semanas más que debemos aguantar para empezar a ver disminución en la curva de contagios, de ahí que oficialmente no se haya decretado la apertura de negocios no esenciales en el Estado de manera libre.  A Juan,  un adulto en edad de riesgo que tiene un puesto de artículos religiosos en la Avenida Juárez, le da miedo que haber relajado la cuarentena genere el primer contagio. «Uno se cuida -me dice-, pero no sabes con quien conviva toda la gente que viene de los ranchos» . «Pero también es imposible no poner el puesto y empezar a vender, yo creo que  si el coronavirus nos ha perdonado, el estómago no puede darse ese lujo», concluye.

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