Coronavirus y la resistencia a quedarse en casa

 

Tal parece que  ni el hecho de que aumenten gradualmente  los casos de coronavirus y las muertes por éste, contribuye a que la gente se quede en sus casas. No importa que en nuestro estado se apele al castigo como en muchos municipios se ha hecho, las personas siguen en las calles.

 Y es que, pese a que en pocos días los casos positivos se multiplicaron y la tasa de mortalidad del odiado bicho Covid-19 es de poco más del 10 por ciento, nada de eso implica que la población esté atendiendo las medidas para evitar más contagios.

Justo ayer salí a rellenar mi garrafón de agua y en la calle todo parece moverse al ritmo habitual. Veo a la misma cantidad de gente en la calle,  incluso jóvenes siguen reuniéndose en algunos puntos, solo por diversión.

 ¿Y qué hacemos? ¿Culpar al gobierno que en medida de sus posibilidades ha implementado las estrategias para evitar la sobresaturación de los hospitales y centros de salud que le esperan si la pandemia no se controla?   Esta vez, no podemos, porque se trata de nosotros, de nuestra conciencia, es una prueba a nuestro sentido de responsabilidad.

De nada sirve que se recurra al castigo como lo han hechos algunas autoridades como el alcalde de Guadalupe, julio César Chávez quien recurrió a estrategias como sanciones económicas. Resultarán improductivas medidas como la imposición de toque de queda que en días recientes la Presidencia Municipal de Tepechitlán anunció ante el aumento de casos positivos en esa demarcación.

Máxime cuando dichas medidas desesperadas son inconstitucionales, ya que, como señala el artículo 29 de nuestra constitución en caso del toque de queda, solo el Presidente de la República, avalado por el Congreso de la Unión tiene esa facultad.

 Ante ese panorama, es evidente que la única salida que queda (mientras desde la federación no se llame al toque de queda) es la de apelar a la conciencia ciudadana.

No obstante, ya se demostró que no es materia fácil. Si bien es cierto que hay miles de zacatecanos que no pueden parar porque deben alimentar a sus familias y necesitan salir a buscar el sustento, persiste la incredulidad en las calles sobre la pandemia.

 Los jóvenes suelen ser los más incrédulos, de ahí que sigan saliendo porque la mayoría de ellos piensa que no les pasará y que si les pasa, no tienen riesgo de agravarse.

Sin embargo, omiten pensar que ellos pueden actuar como vehículo para enfermar a los miembros de sus familias que sí son vulnerables por padecer alguna comorbilidad.

Ayer leía en redes sociales lo publicado por la Doctora Cristina Rodríguez ante el lamentable (como el resto de los decesos) fallecimiento de un familiar cercano suyo.

 En sus redes sociales la señora Rodríguez de Tello, escribió que su tío fue muy responsable, pero se contagió, sin explicación aparente.

Ese caso sin duda debe ilustrarnos que todos somos vulnerables y que estamos ante una enfermedad,  mortal en algunos casos donde hay padecimientos alternativos, pero con una capacidad para propagarse que no tiene antecedentes recientes.

Es cierto por otro lado que el encierro pesa y que quienes tuvieron que parar desde el pasado 20 de marzo a estas alturas de la cuarentena, ya sufren crisis de ansiedad.

No obstante el problema con la cerrazón de un amplio sector de la población que no ha parado sus actividades ni la convivencia cotidiana, es que al incrementar el número de contagios el encierro de quienes si cumplen,  tendrá que alargarse.

 En éstos momentos lo que nos urge es la empatía, si tenemos la posibilidad de quedarnos en casa, hagámoslo, en nuestras manos está que este difícil reto sea superado pronto. ¿No cree?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *