El arriesgado acuerdo petrolero  de México 

A raíz del desacuerdo entre Rusia y Arabia Saudita, los precios del petróleo cayeron a niveles no vistos desde la Guerra del Golfo contra Sadam Husein en 1991. Esta guerra de precios inundó el mercado con crudo, bajando su precio, situación agravada por  la pandemia del Coronavirus.

Los integrantes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en un esfuerzo por estabilizar el mercado mundial, acordaron disminuir  la producción diaria en 23%, lo que significaba para México recortar su producción en 400 mil barriles al día. 

Durante la cumbre de la OPEP, la titular de la Secretaría de Energía (Sener), Rocío Nahle rechazó reducir la producción, amenazó con sacar a México del pacto y, salió de la reunión virtual tensando las relaciones con medio oriente.

La OPEP, anunció el domingo reducir la producción en 9,7 millones de barriles por día, el recorte más profundo jamás acordado por los productores de petróleo del mundo. Después de eso, el grupo aumentará constantemente la producción hasta que el acuerdo expire en abril de 2022.

Nuestro país tomó una decisión arriesgada al oponerse a Arabia Saudita, el principal productor de petróleo del orbe, al final consiguió un trato con el respaldo de Estados Unidos, cuyas consecuencias todavía están por conocerse –México está endeudado, en términos de crudo y no será una deuda que se condone-.

Arabia Saudita no aceptó el trato entre los gobiernos de México y Estados Unidos con el argumento de que si se le concedía esta excepción, otros países no respetarían el acuerdo. El presidente Andrés Manuel fiel a sus costumbres se mostró inamovible en su postura, arriesgando al país a ser sujeto de alguna sanción por parte de la OPEP.

Desde que el presidente Lázaro Cárdenas expropió la industria petrolera en 1938 y creando entonces Petróleos Mexicanos (Pemex), han pasado muchas cosas. Pemex ha sufrido una caída en la producción durante más de una década y se ha convertido en la petrolera más endeudada del mundo (110 mil millones de dólares en diciembre de 2019).

AMLO ha querido rescatar e impulsar la industria petrolera desde que llegó al poder, inyectándole dinero público y congelando los proyectos privados del sector. La salud de las finanzas públicas de México están siempre ligadas a Pemex.

El inusual giro en la cumbre de la OPEP refleja la visión de López Obrador: una producción de 1,3 millones de barriles dejaba a México sin la posibilidad de seguir con la política energética de la 4T -si la producción baja tanto  significa no cumplir el sueño petrolero del presidente-. Un objetivo con tintes caprichosos, dada la inversión millonaria en la paraestatal, que no sobrevive sin el subsidio.  La insignia del actual gobierno es la construcción de una refinería en Dos Bocas (Tabasco) por 8.000 millones de dólares. La defensa de ese plan llegó hasta la mesa de la OPEP. 

En caso que la estrategia de AMLO sea exitosa, la mezcla mexicana podrá recuperarse de su histórica caída (16.54 dólares por barril), las finanzas y la calificación crediticia saldrían a flote, no obstante ese sería el mejor de los escenarios pero el más  complicado. 

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