2027: La madre de todas las batallas estatales (y el pacto que Morena no quiere romper)

Sobre la pluma: Alejandro Bonet Ordóñez es coordinador de El camino de México, plataforma política de Marcelo Ebrard en Zacatecas

 

En menos de 18 meses México se juega el futuro de 17 gubernaturas. No es cualquier elección intermedia: es el primer gran termómetro del sexenio de Claudia Sheinbaum, el momento en que la 4T pone a prueba si su maquinaria sigue arrollando o si la oposición logra resucitar en bastiones clave. Y justo ahora, cuando las tensiones internas por la reforma electoral amenazaban con fracturar todo, Morena, el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista firman un acuerdo que grita: “Aquí no se rompe nada”.

El 28 de enero de 2026, las dirigencias nacionales (Luisa María Alcalde por Morena, Alberto Anaya por el PT, Karen Castrejón por el Verde) escenificaron unidad. Firmaron una declaratoria que refrenda la coalición rumbo a 2027 y más allá. Dicen que la alianza “está más fuerte que nunca”, que no hay crisis, que las diferencias por la reforma electoral (donde el Verde se puso rebelde) quedaron en el pasado. Es un mensaje claro a la oposición: no esperen divisiones internas para colarse. Y también un mensaje al interior: nadie se va por su cuenta.

¿Por qué tanto teatro? Porque 2027 no es solo 17 gobernadores. Coincide con la renovación de la Cámara de Diputados (500 curules), cientos de ayuntamientos, diputaciones locales y, posiblemente, la segunda parte de la elección judicial y hasta una revocación de mandato. Es una mega jornada que puede reconfigurar el poder en el país. Morena llega con ventaja: hoy gobierna 12 de esos 17 estados. Si los conserva casi todos, consolida su hegemonía territorial hasta 2030. Si pierde varios, la oposición (PAN, PRI, MC) empieza a oler sangre.

Los 17 estados en disputa son estos:

• Zona noroeste y pacífico (bastiones morenistas consolidados): Sonora (Alfonso Durazo), Baja California (Marina del Pilar Ávila), Baja California Sur (Víctor Castro), Colima (Indira Vizcaíno), Nayarit (Miguel Ángel Navarro), Sinaloa (Rubén Rocha).

• Centro y sur (donde Morena ha barrido): Michoacán (Alfredo Ramírez Bedolla), Zacatecas (David Monreal), Campeche (Layda Sansores), Guerrero (Evelyn Salgado), Quintana Roo (Mara Lezama), Tlaxcala (Lorena Cuéllar).

• El norte panista y opositor (donde la cosa se pone interesante): Aguascalientes (Teresa Jiménez, PAN), Querétaro (Mauricio Kuri, PAN), Chihuahua (Maru Campos, PAN).

• Los atípicos (donde Morena no manda): Nuevo León (Samuel García, Movimiento Ciudadano) y San Luis Potosí (Ricardo Gallardo, Partido Verde, pero aliado circunstancial).

Morena defiende terreno en 12 entidades, muchas ganadas en 2021 o 2024 con amplio margen. Pero no todo es miel: hay desgaste por inseguridad (Guerrero, Michoacán, Zacatecas), acusaciones de corrupción y el eterno tema de la sucesión. En San Luis Potosí, el gobernador Gallardo ya promueve a su esposa como candidata, lo que choca con los “candados” morenistas. En Nuevo León, Samuel García juega en solitario y podría repetir si MC se mantiene fuerte.

La oposición, por su parte, sueña con dar el campanazo. El PAN defiende sus tres bastiones (Aguascalientes, Querétaro, Chihuahua) y aspira a recuperar más. El PRI está casi extinto en estas latitudes, y MC podría dar pelea en Nuevo León. Encuestas recientes (como las de Alius o La Encuesta MX) dan a Morena ventaja en 9-14 estados, pero advierten riesgo en al menos 8 si la oposición se une o si hay errores internos.

El pacto Morena-PT-Verde llega en el momento justo. Tras semanas de pleito por la reforma electoral (el Verde votó en contra de varios puntos clave), esta declaratoria apaga el fuego. Los tres partidos se comprometen a ir juntos en 2027, profundizar la alianza y evitar candidaturas que rompan el bloque. Es pragmático: el Verde aporta estructura y votos en varios estados, el PT la militancia de izquierda. Sin ellos, Morena arriesga perder curules y gubernaturas por fragmentación.

Pero la unidad tiene costo. El Verde ya ha sido acusado de “chantajista” por sus demandas de plurinominales y cuotas. Si el acuerdo se sostiene, veremos candidaturas compartidas; si se rompe, la coalición se debilita justo cuando más necesita fuerza.

2027 será, entonces, la prueba de fuego. ¿Morena arrasa y convierte México en un país de un solo color político? ¿O la oposición encuentra oxígeno en el desgaste y la diversidad regional? Con el pacto recién firmado, la 4T sale fortalecida. Pero la política mexicana nunca perdona la soberbia. Dos años dan para mucho: perfiles que se destapan, escándalos que estallan, alianzas que se quiebran. Estén atentos, porque esta elección no solo renueva gobernadores: redefine quién manda en  el país.

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